miércoles, 24 de abril de 2013

Esas frases que no mola escuchar ... en la peluquería


Vas a una pelu low cost que después resulta ser low quality y high cost. No tienes cita, porque en estos sitios no te la dan. Aquí es tonto el último.

Dices que te quieres dar unas mechas y entonces oyes "tienes que esperar un poquito" y en ese instante sabes que vas a pasar más de una hora larga leyendo revistas del corazón con la misma foto en la portada de la familia real o de la duquesa de Alba living the love . Se te ocurren millones de planes muchísimo más inspiradores para pasar la tarde. Luego ves tu reflejo en el espejo y constatas que esas raíces te dan un aspecto de mecha californiana ultra chic. Te pones las gafas y confirmas que no, que sólo era un efecto óptico. Y te quedas a echar el rato.

Al cabo de 94 minutos y 34 segundos escuchas "pasa por aquí" y te llevan a otra silla igual de infernal que la primera y te dejan ahí. Un ratito más. Y a continuación, se acerca una chica con el pelo de varios colores y corte asimétrico modernísimo y te pregunta: "¿qué te vas a hacer?". Y entonces tú cometes el error de mostrar tu debilidad y decir algo así como: "no estoy segura, quiero cambiar de color, oscurecerlo sin pasarme mucho y al mismo tiempo que tenga luz, quizá tendría que teñirme y después darme reflejos". "Nooooooo, ni se te ocurra - responde ella entre ofendida y sabihondilla - Eso no te va a quedar bien y te va a esclavizar y bla bla bla". La dejas hablar mientras recuerdas vagamente que la vez anterior una de sus compañeras te recomendó justo lo contrario por no sé qué leches del efecto natural y tal y cual.

En ese momento, atrapada en un plástico, una bata y una toalla, da cosilla salir huyendo de allí. También es verdad que da palo tirar por la borda el tiempo empleado en esperar, por mucho que ahora puedas ir de contertulia a Salvamé con la sabiduría acumulada en el papel couché.

Así que te quedas en tu butaca. La chica pizpireta del corte asimétrico te enseña la carta de color para que elijas el que quieres para tu mecha y te suelta: "¿cuál  te pongo?" Tu reacción inmediata sería decir: "chica, qué más da el que escoja si luego siempre acabo totalmente diferente al color que veo aquí". Sin embargo, dices: "una cosa intermedia entre éste y éste". Rauda y veloz la chiquilla da una serie de instrucciones incomprensibles a otra chiquilla aún más joven (¿a qué edad salen de la escuela de peluquería?): "ponle un 7,40 con reducción de 4 al 15%".Y se queda tan ancha sabiendo que tú no has entendido ni jota y qué va a dar igual que te pongan carne de caballo en el pelo o excrementos de rata. Por cómo huele y el color que tiene bien podría ser una de las dos cosas.

Después viene la fase del pincel y los papeles de aluminio y unos cuantos "mira para acá", "mira para allá", "sube la cabeza", "bájala". Y tras dar una segunda vuelta a las revistas que hasta has LEÍDO ya de puro aburrimiento ("el próximo día llevaré un libro" es otra de mis frases predilectas) llega el momento más terrorífico de todos.

Vas al torturador de cervicales o lavacabezas que le llaman otros. Definitivamente creo que están hechos así a propósito para que, entre sus garras, seamos capaces de decir que sí a todo lo que intentan vendernos las diligentes profesionales del estilismo. "¿con qué te lo lavo?", "con ¿champú?" respondo en mi cabeza sin llegar a hablar en voz alta y entonces digo algo muy socorrido en estos casos: "con uno neutro", que viene a ser algo así como pedir el vino de la casa en los restaurantes. A mí lo que realmente me pide el cuerpo, una vez llegados a este fatídico momentazo del aplasta cerebelos, es decir: "mira, ahórrate el intento, no quiero ningún producto que incremente el precio de mi factura". Lo que pasa es que odio parecer borde y me aguanto. También odio parecer rata.

Después de la preguntita del champú viene la que se lleva la palma. La que todas esperamos con ansiedad y miedo. Esa que empieza por m y acaba por a.

"¿Mascarilla o crema?"

Nunca tres tristes palabras como esas habían despertado en mí efectos fisiológicos tan desasosegantes. El pulso se me acelera, me entra calor en la cara y hasta tengo taquicardias. No exagero. Soy extrema por naturaleza.

Aquí hay que ser rápido. Si tardas un segundo coma cinco en contestar estás perdida. Porque será la oportunidad que ella aprovechará para hablarte de las maravillosas propiedades del nuevo producto traído del Mar Muerto eco-friendly y 100% natural que hará las delicias de tu melena. Y claro, ante eso decir que NO está sólo al alcance de unas pocas. De momento no al mío. Así que después lloras cuando te dan la cuenta y pides que te la desglosen y ves que la gotita de mascarilla, ese pegotín ridículo que te han puesto de medios a puntas y que te han dejado dos minutos "actuando" en tu cabellera, ha costado más de lo que te gastas en una semana en desayunos en la oficina. El precio del kilo de semejante producto debe estar ahí ahí con el caviar iraní.

Antes de que llegue ese momento de saldar las cuentas, aún te queda una última frase molona de parte de la peluquera teenager:

¿QUIERE USTED LACA?



PD. Este post está hecho desde el cariño, como todos por otra parte. Soy muy fan de las peluqueras y pelus de barrio, no así de las grandes empresas de peluquería y franquicias varias.

9 comentarios:

  1. Jajajaja, me parto contigo!

    Mira, yo soy de las que van 2 veces al año. Palabra. ODIO las peluquerías, y solo voy a las que dan un masaje capilar, me da igual lo que cueste, porque es lo único que vale el precio que pagas. Además, para eso voy solo un par de veces al año, ¿no?

    Yo tengo una "respuesta-resorte" a la pregunta de la mascarilla o crema: "Uy, nada, nada hija, es echarme cualquier cosa de esas y al final del día parecerá que me ha lamío el pelo una vaca (sonrisita). Comprobado, ¿eh?". Y oye, no sé por qué pero funciona. Sobre todo cuando me apuesto con ella un corte/tinte/peinado gratis.

    Así que tengo una de esas melenas setenteras con raya-en-medio la mar de comodona... pero ¡Eh! Si la lleva Paula Echevarría, a mí que no me digan que parezco Massiel.

    Un beso, me ha encantado el post!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo del masaje capilar me encanta, ya me dirás dónde vas tú. Y la respuesta me la apunto!! Dí que sí, a lo Paula Echevarría, jajaja. Yo voy cuatro veces al año por culpa de las canas, a veces tres. Gracias por la visita ;-)

      Eliminar
  2. Jajaja, sois buenísimas. El mundo peluquería da para mucho, jeje.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Mar! Sí, la verdad es que es todo un universo, jejeje.

      Eliminar
  3. Más preguntas:
    -¿Está bien el agua? Normalmente no, normalmente esta o muy fría o muy caliente pero me sabe mal decirlo... pienso que con los guantes o con el efecto continuo del agua y los productos, las peluqueras no tienen sensibilidad y siempre digo 'bien, bien' aunque crea que me saltará el cuero cabelludo porque está a punto de ebullición o que me voy a quedar sin patas de gallo del estiramiento al que me somente con el agua congelada.
    -¿Cómo te lo seco? Así, natural. Para acabar sintiendo cómo me marcan como a una res con el cepillo redondo metálico que me da dentera... es que ese metal es conductor del calor, por el amor de diosss.
    -Pregunta/sugerencia tipo: ¿Podrías hacerte la queratina? Clin, clan... insert coin como con la mascarilla pero multiplicado por 20.
    Es posible que en unos días pueda aportar más preguntas porque ya me toca ir a la peluquería!
    ;))

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. jajajaja, es verdad, se me había olvidado la pregunta del agua, gracias por aportarla. Y la de ¿cómo te lo seco?, buenísimo, jejeje. La de la queratina aún no me la han hecho...

      :-DD

      Eliminar
  4. Has dado en el clavo, para que te voy a engañar. Yo dejé de ir radicalmente por todo eso y más.

    Les decía que lo quería liso y me lo dejaban modo poni que parecía que me había lamido una vaca.

    Y lo del tinte más de lo mismo. Jamás de los jamases me lo dejaban del color que les decía. No se como se las apañan.

    He aprendido a cortar el pelo yo sola y me lo corto yo, a mi pareja, a mi hermano y a mi padre.

    Las odio a todas...(desde el carño)



    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ahora sí que me dejas ojiplática, tengo amigas que se tiñen en casa y les queda genial, incluso que se hacen mechas solas, pero que se cortan el pelo a sí mismas... eres una crack ;-) Envidia me das (sana, eh)

      Gracias por comentar!

      Eliminar

Me encanta que leas mi blog y si encima vas y me dejas un pequeño comentario me haces la mar de feliz ¡Mil gracias!