martes, 2 de abril de 2013

A contracorriente



Hace poco me dijo un amigo: "¿y cómo te ha dado por escribir un blog personal ahora, que la gente está dejando de escribirlos?". Pues no me lo había planteado la verdad. En realidad he vuelto a escribir por necesidad. Es algo que siempre he sentido, desde bien pequeña. Empecé haciéndolo en los cuadernos que mi abuela me compraba en la papelería INSA cuando íbamos al mercado de los martes en mi pueblo los días que no había cole. Y en las redacciones que las monjas nos pedían en clase de lengua. Lo de escribir poesía vino a los 14 años, cuando mi primer amor me dejó tirada como una colilla. Eran poemas de esos muy cursis, en los que amor rimaba con dolor y cosas por el estilo, que me adentraron en un mundo fascinante que me atrapó para siempre. Eso de poder decir cosas sin decirlas, en clave poética, fue para mí un gran descubrimiento que me cambió la vida (la interior, se entiende).

Así que cuando aparecieron los blogs me dije, "esta es la mía" y no abrí uno, no. Abrí dos. En uno de ellos quise contar mi aventura de la adopción de mi segunda hija y en el otro, creado a pachas con mi amiga Cris, escribía (y escribo) algo que pretendían ser poemas o algo parecido. Fui bastante activa en ambos blogs durante un tiempo. Después, cuando L. E. llegó a mi vida, todo se revolucionó y dejé de escribir.

Fui víctima de un enorme bloqueo mental. Empecé a creer que a mis hijas no les gustaría que contara sus cosas por internet a todo quisqui. Que a los headhunters no les molaría una tía que aireaba su vida privada y que encima tenía dos hijas (inocente soy, todavía creyendo en que un headhunter llegará y me ofrecerá el trabajo de mis sueños, jejeje). Que la gente sabía mucho de mí y yo nada de ellos. Me entró la paranoia, vamos. Y se me fue totalmente la inspiración también para El arte es libre. Dejé de escribir incluso en mis múltiples libretas inacabadas. Llegó la crisis, la económica, para más inri, y mi cabeza estaba más pendiente de llegar a fin de mes que de juntar palabras con sentido. Así que abandoné la blogosfera de forma fulminante. No sólo dejé de escribir, también dejé de leer a todas mis colegas blogueras que fueron tan importantes para mí en todo mi proceso adoptivo. Ni siquiera las felicité cuando por fin fueron asignadas, ni me enteré de su juicio, su viaje o su encuentro. Me convertí es una descastada :( No sabéis lo culpable que me he sentido por esto y lo que lo siento. Sé que a muchas otras también os pasó algo parecido al llegar vuestro hijo. Es que de repente todo lo demás pasa a un segundo plano.

Cuando en 2007 empecé a escribir el blog de la adopción de L.E. era una de las primeras que escribían sobre maternidad y adopción en España, que no de las pocas, pues éramos bastantes por aquel entonces. Sin embargo, no era nada comparado con lo que hay ahora. Madre del Amor Hermoso. En Madresfera dicen que tienen registrados casi 900 blogs sobre maternidad/paternidad en este (bendito) país. Y no están todos los que son. Ahora pretendo escribir de más cosas, de las cosas que me interesan en general, no sólo de maternidad, biológica o adoptiva, sino de igualdad, de arte, de tecnología, de sentimientos, de cuentos y eventos, de libros, música, series, cine y de cualquier otra cosa que me apetezca. Que para eso es un blog personal.

Puede que llegue tarde, cuando ya no están de moda ni los blogs ni las redes sociales (dicen que facebook está de capa caída). Sin embargo, es lo que me apetece hacer y me siento tan bien escribiendo que espero no dejarlo nunca más. A pesar de que a veces una se siente una hormiguita en medio de la selva amazónica y se pregunta : ¿para qué?, ¿qué puedo aportar yo a este universo blogosférico? ¿cómo puedo hacer que la gente me lea y me siga? y, puestos a hacerse preguntas ¿quiero realmente que la gente me lea y me siga? ¿por qué? Con la pereza que debe dar eso de tener miles de seguidores en twitter esperando a que escribas para publicar ávidos sus comentarios halagadores ;-)

Estas cosas me pregunto un lunes después de unas fantásticas vacaciones de Semana Santa... cuánto echo de menos el calorcito murciano y la ensaladilla... deseando volver en verano.





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