lunes, 3 de febrero de 2014

Hola, soy tu Impaciencia y estoy aquí para quedarme

Esa cara que pones, ese gesto torcido, los ojos muy abiertos, como si los abrieras para poder mirar más allá de tus narices. Ese chasquido de boca, ese bufido. Todo te queda tan bien, estás tan tú...

Me gustas cuando estás en la cola de la caja de una tienda Inditex en hora punta o frente al mostrador de atención al cliente de un hipermercado francés, también cuando esperas tu turno en la consulta del médico o desesperas para pagar la gasolina a primeros de mes. Me encanta cuando estás en el coche, escuchando tu música favorita y, de repente, sin venir a cuento, te pones a soltar tacos a diestro y siniestro. Lo mejor de todo, tu momento estelar, es aquel en el que entre las 21 y 22 horas de lunes a viernes tus hijas empiezan la rutina de lavarse los dientes para ir a la cama y por menos de nada comienzan una de esas discusiones absurdas por ocupar un centímetro más en el espejo del baño. Si, además, ese día ha sido malo o no has dormido bien la noche anterior... La transformación de tu rostro y tu tono de voz adquieren connotaciones dignas de Oscar de Hollywood. Qué de bellas arruguitas en tu cara, qué fuerza en la palabra. Pasas de ser pequeñita a grandiosa. De la poca a cosa a la enormidad.

Y ahora vienes con que quieres cambiar, mejorar, aprender de todas esas personas que dices que admiras. ¿Por tener éxito? ¿Por tener suerte? ¿Por ser guapos, ricos, cuasi perfectos? ¿Por ser inteligentes, cultos? Nooooooooo. 

Por tener paciencia. 

Te gustaría ser como ellos única y exclusivamente por su paciencia. Qué poco ambiciosa eres, chica. ¿A ti no te han enseñado a ser alta de miras? ¿Aspirar a algo más en la vida que ser mejor persona o buena gente? Ya veo que no.

Una cosa te voy a decir querida. Lo tienes difícil. Yo llegué a ti por vía genética. Y no soy una nariz aguileña o unas orejas de soplillo que cualquier cirujano podría operar sin problemas. 

He venido aquí para quedarme y estoy dispuesta a luchar por ello con todas mis armas.

Para empezar, te recuerdo que tienes pendiente una llamadita a Telefónica y otra a Endesa. Soy mala, lo sé.

¿Y lo bien que me lo paso?

jueves, 30 de enero de 2014

AZ de la maternidad: con T de Tacto

El tacto es el sentido más difícil para mí.

No me cuesta escuchar, me gusta escuchar. Me paso la vida escuchando, prestando atención a lo que otros dicen. Mi sentido del olfato es un poco parecido al de los animales, lo huelo todo, bueno o malo, por imperceptible que parezca. A pesar de mis alergias y mi (ya pasada) rinitis perenne. Mirar también es fåcil, miro de frente, a los ojos, no concibo otra forma de mirar, aunque reconozco que mi timidez a veces se interpone en mi camino y me dificulta sostener miradas. Y por supuesto que "gustar" me encanta, saborear la comida y la bebida, disfrutar de los placeres de la mesa, sobre todo si esta se encuentra en uno de esos lugares llamados restaurantes donde te lo dan todo hecho. Y si puede ser en un enclave con vistas al mar, mejor que mejor. Soñar es gratis.

En cambio, el tacto siempre ha sido algo complicado para mí. No me refiero a que tenga alguna dificultad en percibir a través de las manos o la piel. Al contrario, soy hipersensible y me encanta que me acaricien. Eso sí, siempre que sea mi pareja. Si no, lagarta, lagarto. No me gusta que me toquen, que me pasen la mano por el pelo o el hombro, que me cojan el brazo para contarme secretos al oído o que me den palitos en la pierna al hablar. No. Lo siento, no es nada en contra de nadie. Tampoco es algo de lo que presuma ni me guste reconocer. Hoy debe haberme ocurrido algo extraño durante la noche para que yo esté aquí diciendo esto. Puede que sea efecto de la gripe que aún pulula por mi cuerpo. Cualquiera sabe. Podemos decir que tengo cierta fobia a que invadan mi espacio personal, ese que se forma a un metro alrededor de mí. Por supuesto que mi actitud es la misma hacia el resto de seres humanos. No me acerco, no toco, no invado, más allá de los dos besos de rigor o la sacudida de mano en su defecto.

Todo eso cambió cuando la mañana de noviembre en la que nació mi primera hija.

La achuchaba, la abrazaba y la besaba continuamente, al más puro estilo empalagoso de madre babeante y pesada. Yo, que no había tenido nunca instinto maternal (hasta que me entró de golpe un día y me quedé embarazada cuatro meses después), que sólo recordaba haber achuchado a mi hermano pequeño hacía miles de años, me veía y no me reconocía, apuntándome incluso a clases de masaje para bebés.

Es un gusto poder demostrar el cariño así, con cercanía, con esos abrazos "chillaos" que tanto nos gustan. Como los eché yo de menos de pequeña. Entonces no se llevaban, al menos en mi casa. Eran otros tiempos, aunque como dice mi padre: el amor es siempre lo mismo en todas las épocas. Ahora, en mi casa actual, la que formamos mi pequeña familia de "cuatro más perro cinco", los abrazos están de moda. No pasamos un día sin al menos uno. Nos da energía para tirar millas.

Desde que soy madre he aprendido a quitarme el miedo al tacto. La vergüenza de demostrar los afectos y las emociones a través de las manos y los brazos. No digo que ahora vaya por ahí cogiéndome del brazo de mis compañeros de oficina ni tocándole el pelo a las chicas de la clase de pilates. Sólo lo hago con mis amigos, los de verdad. Y poquito.

Poquito a poco.





lunes, 27 de enero de 2014

Nada que decir

  

Desde hace unos meses este blog se marchó de vacaciones y los posts sólo aparecen de vez en cuando a saludar.

No es porque ya no me apetezca escribir, ni porque se hayan agotado las historias. Siempre hay algo de lo que hablar.

Aunque a veces, me sorprendo delante de la pantalla en blanco sin ser capaz de escribir ni una palabra, como si ya no tuviera nada que decir.

Por un lado he sentido la necesidad de enfocar mis energías hacia mi nueva aventura laboral. Por otro lado tengo menos tiempo gracias también a mi nuevo trabajo. 

No es cuestión de quejarse de esto. Todo lo contrario, me siento muy afortunada de haber logrado este puesto en este momento crítico, especialmente cuando tenía muchas papeletas para que no fuera así. No hablo francés pero trabajo todo el tiempo con franceses. Y mi inglés, aunque se suponía avanzado en el momento de las entrevistas, me ha jugado malas pasadas en estos meses. 

Tras este tiempo de estreses, de no saber por dónde tirar, de sentirme más sola que la una currando en Madrid cuando mis compis y mi jefe están allende los Pirineos...de mis viajes a Grenoble cada mes...de las reuniones telefónicas en inglés que me sonaban a ruso, he llegado a un punto en el que me siento (más) segura, tanto por el idioma como por todo lo demás. Benditas series en inglés con subtítulos en inglés y bendita BBC.

He cambiado de trabajo muchas veces y por lo tanto, muchas veces he vivido el estrés de los 100 primeros días, donde se supone que está admitido decir tonterías y meter la pata (esto lo comentó el jefe de mi jefe en una reunión hace poco). Y me encanta ese momento en el que tu cabeza hace clic y todo tiene sentido. La jerga (diferente entre departamentos e incluso entre personas del mismo departamento), los procesos, las personas (quién es quién), los truquillos, los intrígulis. De repente un día todo parece tener sentido, y ese batiburrillo de información se conecta y encaja de forma perfecta en tu cerebro, como ese puzle de 2000 piezas que tanto trabajo te costó terminar.

Ahora, llegados a este punto donde mi cabeza tiene espacio para otras cosas, quiero aumentar la frecuencia con la que escribo. No creo que llegue a los fructíferos meses de primavera, en los que casi iba a post diario. Me conformo con dos por semana, paso a paso, poco a poco, para ir aumentando el ritmo si el cuerpo y la inspiración me lo permiten.

Estoy hablando en voz alta. Puede que no sea capaz. Que el día a día, el cansancio, las ganas de no pensar, la pereza del invierno, la del verano o la astenia primaveral, me dejen la mente y los folios vacíos.

Es posible. Vamos a intentarlo.


viernes, 24 de enero de 2014

AZ de la maternidad: con s de somos

                       

Ahora ya no soy

Somos

Es bastante obvio que la maternidad es un viaje sin retorno del yo al tú y al nosotros.

Da igual que hayas pensado en que con tu pareja formabas un dúo dinámico y compenetrado más que ayer pero menos que mañana.

No es lo mismo la dualidad que se origina cuando te echas un novio, un amigo especial, un amante clandestino o un marido fiel, que la que se produce cuando das a luz un ser o cuando le adoptas

Teniendo partener puedes seguir viviendo tranquilamente en tu YO particular, sólo hace falta disimular un poco al principio, poner cara de entusiasmo cuando te cuenta sus historias, reirle un poco las gracias, pasarle la mano por encima (esto es una frase de las que decía mi madre y que no hay que tomarla en sentido literal, quiere decir "hacer la pelota" o ser un poco "zalamera") y cocinar de vez en cuando un plato pintón, como un bacalao al horno con patatas paja (es super fácil y quedas como dios).

El resto del tiempo puedes ir a tu bola, pensar en tus cosas, regalarle la ropa que quieres que se ponga, los libros que quieres que lea, mientras escondes los que te ha regalado él y finges que los has perdido, planificar las vacaciones haciéndole creer que ha sido algo decidido a pachas, convencerle para quedar más con tus amigos que con los suyos... Esas cositas de malasnovias o malosnovios que todos hemos hecho alguna vez. Sí, tú también.

Y llega ese día en que de repente el mundo se da la vuelta. Y tú ahí, mirándolo todo desde una camilla con olor a desinfectante industrial mientras unos señores con mascarilla que no conoces te hurgan en tus entrañas, como si estuvieran haciendo algo tan trivial como darle de comer al gato. Hablan de fútbol. A la media hora escuchas un llanto, como de gato (¡¡¡¿por qué me está dando por hablar de gatos?!!!) y te da por ponerte a reír y llorar a la vez como si te hubieras vuelto más gilipollas de lo que ya te sentías ahí tirada. Es el sonido que te dice: " despídete de ti, olvida todo lo que fuiste, olvidalo todo y piensa sólo en miiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiií". La i se clava como un tambor de semana santa y no se va más.

Pasas del "soy" al "somos"

Somos una familia

Somos dos adultos y un renacuajo indefenso que no sabe hablar. Sólo llorar.

Somos dos adultos que tienen que aprender a ser adultos. Lo de antes era un ensayo.

Somos dos adultos asustados como niños. Que tienen que cuidar de una niña.

Imperfectos como humanos

Desbordados como padres

Emocionados como idiotas

Con la individualidad guardadica en un cajón a la espera de tiempos mejores.

Y cuando ya parece que vas a desempolvar un trocito de tu antiguo yo...llega tu segunda hija. 

Y colorin colorado, este cuento todavía no se ha acabado.







martes, 21 de enero de 2014

Cinco años desde que te vi por primera vez

Como no me da la vida para escribir un post, se me ha ocurrido plagiarme a mí misma y hacer un copipeist en toda regla del post que escribí el día que conocí a mi princesa (en mi otra vida bloguera).

El mágico día de la asignación, tanto tiempo soñada. Aquel 21 de enero de hace ya cinco años...

Te adoramos princesa, eres lo mejor que nos ha pasado junto a tu querida hermana (esto es una perogrullada que me encanta repetir):

"E. nació el mes de mi cumpleaños, octubre, y ahora tiene unos tres meses. Es una muñequita preciosa. Tiene una boca divina y está dormidita, así que se la ve relajadita.

Estaba totalmente convencida de que iba a ser un niño e iba a tener tres años. Tal vez porque tuve aquel sueño una vez. O tal vez tuve aquel sueño porque tenía ese pensamiento. No sé.

Por eso ha sido una sorpresa saber que era una beba, como dice L., tan renacuaja en su ropa de la foto, en la que apenas tiene 4 semanas de vida. Es tan entrañable. Dan tantas ganas de acurrucarla y cuidarla... No sé cómo serán estos dos o tres meses hasta verla y poder hacerlo. Voy a intentar con todas mis fuerzas hacer lo que me dice E. en un mail, mantener una sonrisa permanente en mi boca, pase lo que pase. O lo que dice P., brincar y gritar de felicidad por mucho que me digan que sea prudente, por si acaso el juicio...no sale bien.

La verdad es que estoy en estado de shock. Acabamos de volver de la oficina de Mundiadopta. Hemos hablado con C. que, como siempre, muy amable y cariñosa nos ha contado todo lo que tenía que contarnos. Nos ha dado la noticia mejor de nuestras vidas, junto a la que nos dió en su día un artilugio llamado test de embarazo.

Desde que esta mañana me he levantado, mi estómago estaba más encogido de lo normal. Sabía que iba a ser hoy, de todas todas. Además el día ha empezado genial. Me han llamado del gimnasio y me han dicho que una persona que ayer encontró mi iPod y se olvidó de entregarlo en recepción, hoy lo ha devuelto. Prefiero pensar que es así y no pensar mal. Encima hoy es el cumple de mi querida amiga N., un día especial, un día ideal para ser asignado, jeje.

A eso de la una de la tarde, en medio de una reunión de trabajo en la oficina, me llama marido y le digo: "si no es algo urgente, te cuelgo, que estoy reunida", y él me dice "esto, qué te iba a decir yo... QUE NOS HAN LLAMADO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Pego un grito, salgo de la sala, y le pregunto nerviosa que qué le han dicho. Me dice tenemos que ir a la oficina de Mundiadopta a las 16:30. Argggggg. No puedo esperar a las 16:30. Tengo que volver a la reunión. Mi cabeza va de los temas de la reunión, a Mundiadopta, de ahí a la decisión de si me voy a casa a comer o como en la ofi y luego me voy a casa, o de si como o no como, la verdad es que no me entra nada, sólo quiero ir a la ecai. Mi jefa de proyecto pregunta sobre plazos de entrega y a mí me bulle el cerebro pensando en su carita, su nombre, si será niño o niña...por favor...quiero salir de ahí...NO PUEDO MÁS!!!!!

"Dios Todopoderoso", eso significa el nombre de mi pequeña muñeca. Tan dulce en su foto, tan perfecta. Su labios gorditos, su nariz chiquitina, sus ojos cerrados durmiendo y soñando en quién sabe qué cosas. Sólo tiene unas cinco semanas en la imagen. Ahora unos tres meses. Serán unos seis cuando podamos acunarla.

La primera llamada ha sido a mi padre. R. a su madre. La segunda a mi madre. Estoy feliz. Mi padre se ha emocionado y me ha dicho "ya la conoceremos cuando vayamos a recibirla". Me encantaría que esto sucediera. Es la primera vez que me lo dice. Y luego mi madre... la verdad es que nos ha dado la enhorabuena y la he notado contenta...ummmm...¿será que ya se siente abuela? :-))

Esta niña es un milagro."