miércoles, 10 de junio de 2015

Poquita cosa

Que pequeña e insignificante se sentía a veces. Desde que era niña, le invadía a menudo la sensación de ser poca cosa o casi nada. No era guapa ni fea, ni lista ni tonta. Ni tampoco era, muy a su pesar, una persona abierta y dicharachera, o graciosa y divertida. No era eso que ahora llaman molona. Por todo ello, sentía miedo a hablar. A hacerlo en voz alta, como si al hacerlo alguien fuera a regañarla o, lo que es peor, reírse de ella, burlarse, o mirarla con desprecio. Y razón no le faltaba, pues todo ello ocurrió en un momento de su vida. No entendía por qué todas aquellas niñas la miraban mal o cuchicheaban a sus espaldas. Ella sólo quería ser su amiga y hubiera hecho cualquier cosa por conseguirlo, como invitarlas a todas a su fiesta de cumpleaños mientras que a ella no la invitaban a las de las demás o dejarles los apuntes cuando se fumaban la clase o simplemente no estaban atentas.

Sentía los ojos de todos clavados en ella y quería que la tragara la tierra. Quería decir tantas cosas a tanta gente. Quería decir cosas que hicieran reír o cosas que hicieran que todas sus "amigas" la quisieran como ella las quería. Quería gritar pero el sonido no salía de sus labios, ni de sus dedos. Sólo salía cuando escribía en privado sus cuentos, poemas y pequeñas historias.

Algo no encajaba. O era ella o era el mundo. O era todo a la vez. No sabía que había más mundos aparte de aquel en el que se movía. No lo supo hasta mucho más tarde, cuando tienes esa edad indeterminada en la que la gente no sabe cuántos años tienes, pero sabe que ya no eres joven. Hasta entonces dió tumbos en busca de un lugar donde ser, un lugar donde estar, un hueco donde permanecer tranquila, a salvo de las miradas incómodas, a resguardo de quienes no quisieron escuchar o comprender.

Supo que ese mundo suyo no estaba ahí, donde incansable lo había buscado. Sintiéndose siempre ese ser pequeñito y sin importancia. A lo mejor resultaba que sí era importante. Al menos lo era para cinco personas en el mundo y eso, parece que no, ya es todo un universo. 

Y se decidió a dar el paso para llegar a la senda correcta. Aunque para ello tuviera que desprenderse de un montón de equipaje, de lo superfluo, de lo que duele, de lo que no significa, de lo que no le permite ser. 


2 comentarios:

  1. Parece mentira, un pequeño paso para algunas personas, supone todo un camino para otras. Lo bueno es que algunas si tienen la valentía de dar ese paso.
    Besos especiales.

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