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martes, 5 de mayo de 2015

La madre que la parió

Hay expresiones delicadas que cuesta sacar de la boca. La mayoría de las veces se quedan a medio camino entre el cerebro y la voz. Como esa de "trabajar como un negro" o "es que me pone negra". O "madre no hay más que una". Son cosas que se dicen sin pensar y que, cuando las oigo, a mí me dan por pensar, y mucho. Sobre todo cuando, refiriéndome a mi hija pequeña, a la que adoptamos con cinco meses, se me escapa un "la madre que te..." Casi nunca termino la frase, o la digo muy bajito, para mis adentros. Porque me produce la sensación de estar diciendo algo que no debo, como cuando era pequeña y se me escapaba un taco enorme delante de mis padres. Sabía que no debía decirlo aunque no tenía claro por qué.

La madre que la parió es la madre biológica de mi hija. Esto, que es una verdad como el Taj Majal, no significa que sea su madre verdadera. Pues las dos, ella y yo, somos sus madres, ninguna es de mentira. Ninguna es un cuento inventado, aunque tengamos que fantasear sobre su historia a falta de datos. Y ella, esté donde esté, tambien imaginará cosas para completar los huecos que le faltan. Aunque en su caso sí que tiene a su disposición información sobre la niña y nosotros, quizá no haya querido saber más. Ojos que no ven, corazón que inventa.

El Día de la Madre, desde hace seis años, tiene para mí un significado más allá de mi propia maternidad y mi condición de hija. Es un día en que pienso mucho en su otra madre. Dónde estará, qué hará, pensará, vestirá, comerá. ¿Sufrirá? En nuestro mundo occidental no concebimos la renuncia a un hijo sin estar unida al dolor y la culpa. En África puede que sea diferente, o no. Imagino. Pienso. Creo. Pienso. Construyo una vida imaginaria para responder a las preguntas para las que tal vez jamás logre respuestas.

Mientras, mi hija adoptiva, mi hija sin más, mi hija de verdad, piensa también con su mentalidad de niña que no llega a los siete años. Y se hace sus propias preguntas, con sus propias no respuestas. ¿Por qué tengo otra madre y otro padre en un sitio tan lejos? ¿Por qué no se quedaron conmigo? ¿Tendré hermanos en Etiopía? ¿Abuelos y primos? ¿Cómo será mi mamá de allí, será guapa? ¿Tendrá el pelo largo como a mí me gusta? ¿Por qué no puedo verlos? 

Así que yo tengo dos frentes abiertos. Mis dudas y las suyas. Las mías quedan en mi cabeza la mayoría de las veces, hablo poco de ellas. Las suyas piden a gritos las respuestas. Lo cual está bien, que pregunte, que verbalice, que grite.

Aquí estamos y estaremos para intentar proporcionarle, al menos, el consuelo de escucharla y el cariño que tanto necesita.

jueves, 25 de julio de 2013

Cosas que mis hijas dirán que decía su madre

El otro día escuché una voz familiar que decía: "ni jo ni ja" y me entró el pánico. Resulta que era yo hablándole a mis hijas. Soltando una de esas frases de mi madre que aborrecí cuando era niña y que ahora yo misma repetía enfadada a las mías sin ninguna vergüenza. ¿Cómo podía estar pasándome esto?

Y en esas que un pensamiento me llevó al otro y me di cuenta de que, no sólo salían de mi boca frases heredadas de mi infancia, sino que había creado un lenguaje propio que en el futuro mis herederas podían evocar en un blog y transmitirlo vía interplanetaria a otras galaxias. Porque seguro que en veinte años todos viajamos en naves espaciales y nos vamos de vacaciones a otros mundos. Fijo que sí.

Así que he decidido hacer acopio de todas ellas para reflexionar sobre el tema, suprimir o modificar las más feas, bajar la frecuencia de las cansinas e insistir con las buenas. Todo para que en el más allá los extraterrestres me vean como una madre modelo.

Allá vamos...

Las feas

> Chicasssssss no empecemos. Chicasssss ya vale. CHICASSSSSSSSSS. YA ESTÁ BIEN.

Mejor si digo:  chicas, ¿sabéis una cosa? me encanta cuando no os enfadáis y me entristece cuando peleáis. ¿Creéis que sería posible intentar llevaros bien hoy? A lo mejor podemos jugar un rato juntas después si todas estamos contentas.

> Se acabó lo que se daba, no quiero saber nada más sobre el tema.

Mejor si digo: me gustaría que me contárais cada una qué ha pasado y luego vemos cuál es la mejor forma de solucionarlo.

> Vais a conseguir que me enfade y no quiero.

Mejor si digo: sé que estáis cansadas (enfadadas, aburridas, nerviosas) y yo también estoy un poco cansada. ¿Qué tal si cantamos un poco para relajarnos?

> ¿Dónde están vuestros zapatos? Me duele la boca de deciros que no vayáis descalzas.

Mejor si : se ponen unos calcetines especiales de estar por casa que les sirvan para no hacerse daño ni resbalar y que sean cómodos.

> No quiero ver más juguetes encima de la mesa.

Mejor si digo: chicas, cuando terminéis de jugar por favor llevar los juguetes de nuevo a vuestro cuarto. Así podréis volver a traer otros juguetes mañana.

> ¿Cómo es posible que acabe de barrer y ya lo tengáis todo lleno de papelitos?

Mejor si digo: por favor, recoged esos papelitos en esta caja y tirarlos a la basura. ¿Os apetece aprender a barrer?

> Ni se te ocurra volver a pegar, gritar, dar un portazo, tirar eso al suelo otra vez.

Mejor si: escribimos las normas de la casa en un cartel enorme con dibujos y cada vez que se incumpla una norma se dibuja una cara triste o sonriente si se cumple. Quien consiga 5 ó 10 sonrientes se lleva un premio (jugar toda la tarde con mamá/papá en exclusiva o algo similar).

Las cansinas

> Chicas, a hacer un pis antes de salir de casa, vamos.

> ¿Lo tenéis todo preparado? ¿Zapatos, mochilas, abrigo, almuerzo?

> Después de cenar a la cama de cabeza que mañana hay que madrugar.

> El pijama se dobla y se guarda.

> La ropa no se deja tirada en el suelo del baño.

> Los zapatos no se dejan en el salón.

> Hay que comer fruta.

> Portaos bien chicas y ayudad en todo lo que podáis (cuando se quedan en casa de alguien).

Las buenas

> Os quiero mucho mucho mucho muchísimo.

> Eres la niña de cuatro años más guapa del mundo. Eres la niña de nueve años más guapa del mundo.

> Qué listas que sois.

> Vaya dibujos más chulos que hacéis.

> Olé niñas, muy bien hecho.

> Muchas gracias cariño, eres un sol. Ven que te dé un beso.

> Qué tengáis muy buen día princesas.

> No te preocupes, todo va a salir bien.

> Contadme, ¿qué tal ha ido el día corazones?

> Buenas noches, que tengáis dulces sueños.

PD. Vale, chicas, ya sé que no he dicho nada de los tacos, es que está feo dejarlo por escrito, ¿me entendéis no?

L. y L.E.: vale mami, pues entonces deja de decir todo eso que dices cuando vamos en el coche o si no, luego no te quejes de que nosotras lo digamos también, ¿eh?

viernes, 14 de junio de 2013

Cosas que decía mi madre (II)


Tras el poco éxito de mi post anterior sobre las cosas que decía mi madre (las estadísticas no engañan) llega la segunda entrega.

¿Y por qué leñes publico un post a sabiendas de que no es del agrado de muchas de las personas amables que tienen a bien leerme?

Porque escribo lo que me apetece

Porque hoy es viernes y no me toca "profundismo"

Porque soy así de chula.

Y un pelín cabezota y "por donde meto la cabeza la tengo que sacar".

Hoy me apetecía reirme un poco. Porque las recuerdo ahora y me parto, aunque en su día no me hacían mucha gracia.

Así que, allá van:


> ¿Crees que el dinero me lo regalan?. Esta es similar a la de la foto de arriba. Aviso que si a alguien le molesta que le haya usado que me lo diga. No he conseguido encontrar la fuente original, sólo la he visto en Pinterest.

> Tienes más cuento que Calleja. Yo imaginaba que Calleja era un señor muy mentiroso hasta que me enteré que era una editorial de cuentos.



> Anda y tócate la floreta. La floreta es un eufemismo para denominar las partes bajas, íntimas o nobles de una mujer.

> Me tienes hasta la coronilla. Hasta el gorro, las narices, los co... perdón, casi me sale un taco.

> Vales más que las pesetas colorás. Mi favorita.

> ¡Dejad de pelearos como chinches! Mis hermanos y yo la oíamos a todas horas.

> Pero que (xxx) ni que niño muerto. Esta es sinónima de "Pero que (xxx) no ocho cuartos".

> No se te ocurra nunca depilarte delante de tu marido. Sigo intentando hacerlo, pero más de una vez me ha pillado con las manos en la masa.

> No hay ningún marrano que no sea asqueroso. Aclaro que asqueroso es aquí sinónimo de escrupuloso.

> Te voy a volver la cara del revés. Esta amenaza nunca se llevó a cabo, ella era más de lanzamiento de zapatilla.

> Anda, ve a la tienda de Bartolo y compra unos helaicos. Mi segunda favorita. Bartolo era un chaval, aunque a mí me parecía un señor mayor, que tenía una tienda de esas en las que había de todo un poco. Qué recuerdos.

> Tú no te lo comas ahora, que te lo comes para cenar. Al final mi padre me salvaba siempre de estas encrucijadas como si de un superhéroe se tratara.

> Ya veremos. Respuesta típica a preguntas que empezaban con ¿Me dejas ir/hacer...?

> ¿Pero dónde vas a cuerpo gentil? vas a coger una pulmonía. Es decir, sin chaqueta, abrigo o similar.

> Ningún gibo se ve su giba. Que debe ser algo así como que nadie se ve sus defectos propios.


Y de regalo, dos frases de los abuelos de Marío, que no tienen desperdicio:

> Los niños hablan cuando hacen pis las gallinas.

> Tienes más orgullo que Don Rodrigo en la horca.



jueves, 25 de abril de 2013

Cosas que decía mi madre


Sí, lo sé.

Sé que se ha escrito ya mucho acerca de las cosas que decían las madres de los que fuimos a EGB.

Se ha dicho tanto que Amaya Ascunce publicó un libro el año pasado que yo no he leído y que, aún así, intuyo ingenioso y divertido por los extractos que he visto en la web.

Pero, ¿que quieres que te diga? es que este tema da mucho juego y después de las dos entradas de profundismo con las que empecé la semana, me apetecía algo más ligerito para pasarlo bien.

Así que allá voy con mi lista. ¿Reconoces alguna de las frases? Aviso que algunas son muy de ser dichas por madres de la zona sur de España, tirando al sureste, así que es posible que te suenen a chino y, encima, con acento murciano:

Nota: Mamá, este post está hecho con cariño, para tomárselo a risa, no te me enfades ;-)

> Después de que te hayas caído o rasgado el codo con la puerta y digas: AY! :
   Guarda para cuando no hay.

> Cuando le decía que estaba aburrida:
   Date con una piedra en la espinilla

> Cuando le decía que me daba vergüenza algo:
   ¿Qué vergüenza ni que ocho cuartos?

> Tú sigue que me encuentras.

> Verás cuando se lo diga a tu padre.

> Te doy un guantazo que te avío.

> Dale un poquico a tu hermano que se le va a romper la yell (traducción: hiel).

> Eso no me lo vuelves a repetir.

> Cuidaico con lo que haces.

> A tu madre no se le contesta (esta la podían decir indistintamente papá o mamá)

> Pero m'chacha, ¿cómo se te ocurre?

> En el muunnnndo (traducción: pero, ¿qué me estás contando?)

> Tráele un plátano (manzana, mandarina, cerveza) a tu padre.

> Coser sin dedal es de marranas.

> Anda, sube un momentico arriba (casa de dos plantas) y bájame el bolso (pañuelo, zapatos, secador de pelo).

> Eso te lo comes tú como yo me llamo M.

> Hija, ¿es que no tienes hartura?

> Lo comido por lo servido.

> Pareces un adefesio.

> Qué desaboría que eres.

> Pasa el trapo por tu cuarto que está lleno mierda (mierda=unas pequeñas partículas de polvo)

> Hija, ayúdame a deshollinar y te doy veinte duros.

> ¿A esto le llamas tú planchar?

> Parece mentira que seas tan inteligente.

> Parece mentira que seas la mayor.

> Por donde metes la cabeza la tienes que sacar.

Y la más terrible de todas:

BEEEEEEEEEGOOOOOOOÑAAAAAAAAAAAAAAAA






martes, 19 de marzo de 2013

Los padres también lloran

Como hoy es el día que es, no podía dejar pasar la oportunidad de escribir sobre ellos.

Los padres.

Esos seres mitad superhéroes, cuarto mitad niños, y el otro cuarto a elegir, que nos hacen la vida tan fácil a veces, tan difícil otras, dependiendo de tantos factores como humanos pueblan la tierra. O sea millones de veces y más.

Es inevitable que piense, como en el post anterior en los padres de antes (PA) y los padres de hoy (PH), taaaaannnn distintos los unos de los otros. Yo tengo la enorme suerte de contar con uno de estos PH como padre de mis hijas y con uno de estos PA como mi propio padre.

Vayamos con la comparativa:

> Los PH cada vez se ven más, son más visibles, no porque haya más, que me parece que hay menos, sino porque antes era difícil verles llevando un bebé en su carrito, tirándose por el tobogán, en el cole recogiendo a sus hijos o, ya no digamos, llevándoles en una mochila (me encantan los hombres que llevan bebés en la mochila!). Antes los padres iban sin su prole a la mayoría de los sitios, a no ser que fuera domingo en la vuelta familiar de rigor, en la que mamá estaba incluida. Aysss, qué recuerdos de domingos viendo los escaparates de El Corte Inglés con mi madre mientras mi padre estaba viendo al Murcia en el estadio...

> Los PH cambian pañales (sí, suegro, tu hijo cambió pañales a tutiplén aunque te siga sorprendiendo que los hombres sepan hacer "eso"). Los PA no se enteraron del cambio del pañal de tela al dodotis. Ni falta que les hacía.

> Los PH se toman jornadas reducidas (sí, haberlos haylos) y parte del permiso de maternidad (cada vez más). Los PA no tenían esta opción, aunque, ¿os imagináis a vuestro padre pidiendo a su jefe una reducción de jornada en los 70-80? Ja.

> Los PA decían eso de "cuando seas padre, comerás huevos". Ahora los que comen huevos son los hijos de los PH.

> Los PH van a los coles, a los pediatras, a los parques y a la compra con los niños metidos en el carro del super. Los PA iban al fútbol, al bar a jugar a las cartas y al salón de su casa a ver...esto... el fútbol.

> Los PH dan bibes (y los preparan) y saben cocinar, unos mejor que otros, pero se defienden. Tú dejabas a un PA de rodríguez y le veías todos los días comiendo y cenando de menú o con la cocina a reventar de tuppers usados y platos sin fregar.

> Los PH se tiran al suelo a jugar no sólo el día de Reyes. Los PA se tiraban al suelo como mucho el día de Reyes y para montar el scalextric de turno (en las casa en las que había de eso).

> Los PA no contaban cuentos tampoco ni hacían contigo los deberes. En esto se parecían a las MA. Los PH se mojan en esto también, lo cual les hace "más mejores".

> Los PA no lloraban mucho, al menos en público y con lagrimones. Estaba mal visto, ya sabéis. Los PH lloran como cosacos en las salas de parto, en las casas cuna cuando recogen a sus hijos adoptivos, cuando dicen su primera palabra, cuando dan sus primeros pasos, en su primera graduación en la guarde, en su segunda graduación en infantil, en los bailes de fin de curso, etc, etc. Ellos disimulan y vuelven la cara, pero yo les he visto, los he pillado in fraganti, a mí no me engañan.

Llegados a este punto, te preguntarás, ¿por qué dices que tienes la suerte de tener un PA en tu vida? Parece que los PA no molaban nada, ¿no? En cambio, yo tengo recuerdos preciosos de mi padre, aún cuando era un PA de libro y cumplía todos y cada uno de los puntos de esta lista.

Molaba cuando venía a darme un beso de buenas noches y le contaba algo bueno que me había pasado en el día o algo malo, y él siempre me daba ánimos y me decía algo valioso a cambio. Molaba cuando me daba un beso al llegar de trabajar (qué disgusto cuando dejó de hacerlo al llegar a la adolescencia). Molaba que traía churros todos los domingos (y los churros de mi pueblo son los mejores del mundo mundial, palabra). Molaba cuando venía de compras con mi madre y conmigo y me dejaba llevarme todo lo que me gustaba (esto empezó a pasar tarde, a partir de los 13-14 años y él siempre se quedaba en la puerta de las tiendas hasta que llegaba la hora de pagar). Molaba porque me dejó venir a Madrid a estudiar con 17 años a pesar de haberse negado rotundamente a que sus hijos se marcharan de su lado. Molaba porque cuando estaba él sentía que nada malo iba a ocurrirme. Y mola ahora, porque aquí sigue, al pie del cañón, más padre que nunca porque además es abuelo, y tiene a sus nietas cameladas. Ellas le adoran tanto o más que yo.

Tú sí que vales papi. Aunque no leas este blog.

¡Feliz día del padre a todos los papás (y las mamis monoparentales que son también padrazas)!

...

miércoles, 13 de marzo de 2013

Esas cosas tan diferentes que tenemos las madres de hoy

Ayer por fin me armé de valor y me puse a coser el roto del anorak de Lucía. Me espanta coser. Desde bien chiquitica. Mi asignatura odiosa del cole era pretecnología. Ahora que caigo, PRE-TECNOLOGÍA, jajaja, no lo había pensado nunca. Era eso que estudiábamos antes de la era de la tecnología ;-)

Pues eso, anoche sufrí mucho. Primero enhebrando la aguja. Diez minutos empeñada en meter ese hilo por ese ¿agujero? del demonio, empeñada en no cortar el extremo con las tijeras para que fuera más fácil. Tengo alma de sufridora. Luego estuve unos quince minutos intentando arreglar el descosido de una forma elegante, que es como mi madre decía que se tenía que hacer: "coser sin dedal es de marranas". Nunca entendí esta frase. El resultado fue que me pinché 200 veces, con dedal incluido, y me salió un churro de costura. Menos mal que todo es de color azul marino y casi no se aprecia.

A pesar de todo me sentí orgullosa y satisfecha por el deber cumplido. Y por ser fiel a una de las máximas de la república independiente de mi casa desde que empezó la crisis:  "intenta arreglar lo que esté roto antes de tirarlo y comprar uno nuevo".

Y en estas estaba que se me ocurrió hacer otra de mis listas. Esta vez con las diferencias entre las madres de antes y las madres de hoy día. Cuánto me acuerdo de mi madre cuando me decido a coger el costurero de lo alto de la estantería:

> Las madres de antes (M.A) cosían dobladillos y descosidos de forma perfecta y hasta "aseguraban" los botones cuando comprabas la ropa antes de estrenarla. Las madres de hoy (M:H) o vamos a la "retucherí", o se lo damos a nuestras propias madres o nos aguantamos sin botones durante meses. Siempre hay excepciones de madres de hoy que cosen, que son mis ídolas, como M.

> Las MA cocinaban todos los días y (casi) todas las noches platos maravillosos con productos frescos que sabían a gloria. Las MH vamos a la compra como locas. A horas intempestivas a veces, entre la salida del trabajo y la del cole. Es tener media hora libre y aprovechamos para pasar por el Ahorramás. Sabemos que esas bandejas de platos preparados no son sanas y hasta pueden llevar carne de caballo o cosas peores. Aun así a veces las metemos al carro cerrando los ojos. ¿Y quién no va de vez en cuando a la hamburguesería más cercana a llevarse unos menús que solucionen una aburrida cena de lunes? Las MA no lo hicieron jamás.

> Las MA no iban al gimnasio. Ya tenían bastante con hacer todas sus labores del hogar, ir andando a la compra y a por los niños al cole. Y si trabajaban fuera de casa como unas pocas que me sé, acababan exhaustas, porque entonces no existía eso del reparto de tareas. La mayoría no tenían coche ni carné. Por eso tampoco decían tacos. Las MH afortunadamente vamos motorizadas y asustamos a nuestros hijos cuando despotricamos al volante. Pagamos el gimnasio religiosamente. Y a veces, vamos.

> Las MH (y algún PH que otro) sacamos fuerzas de debajo de las piedras para, una vez hechas papilla tras la larga doble jornada en la oficina y en casa, leer un cuento a nuestros retoños. En la época de las MA apenas se editaban cuentos infantiles, la mayoría eran de princesas y lobos y se lo leían los niños a sí mismos cuando aprendían a leer a los cinco años.

> Alguna vez he escuchado esto de una MA: "si estás aburrido, date con una piedra en la espinilla". Las MH no permiten que sus hijos se aburran. Las hay muy creativas que inventan mil y un juegos para entretener a sus polluelos. Otras buscamos ideas en internet. Y si no tenemos internet a mano, ni fuerzas para hacernos cosquillas (juego socorrido donde los haya), el bendito Bob Esponja viene en nuestra ayuda.

> Las MA iban a la pelu todas las semanas. Volvían con la cabeza el triple de grande y con un olor a laca Nelly que tiraba de espaldas. Las MH vamos cuando ya no nos queda otra, cuando las raíces se ven a kilómetros o las puntas quebradas nos llegan a la mitad de la melena. Y salimos de allí muy cabreadas porque nos han cortado de más y nos han dejado la cuenta en menos algo.

> Las MA llevaban vestidos pre-mamá horrorosos, parían con dolor o, si no podían, adoptaban con vergüenza. Las MH presumen de tripón con vestiditos ajustados (yo no me atreví), parimos con mucho menos dolor o mínimo, y si decidimos adoptar lo hacemos con orgullo y alegría (y sufrimiento, porque adoptar es un proceso que duele tanto o más que un embarazo). Aprovecho para animar a todas esa mamás y papás que están pasando por la angustiosa espera de la adopción y que están perdiendo las fuerzas por la enorme dilatación de los procesos en la actualidad.

> Las MA no se sentaban a hacer los deberes con sus hijos ni de broma. Tampoco los PA. Muchas veces porque no sabían más que las cuatro reglas los pobres. Las MH les hacen hasta los trabajos de Science sobre los volcanes y los ecosistemas. Los profes deberían plantearse ponerles notas a los padres o abuelos aparte de a sus hijos.

> Las MA querían mucho a sus hijos aunque les tirarán la zapatilla de vez en cuando. Las MH queremos mucho a nuestros hijos, a pesar de que a veces les mimamos mucho más de lo que deberíamos y les pasamos por alto cosas que las MA nunca hubieran dejado sin un cachete "bien dao".

Como siempre, estoy generalizando y exagerando, y no tengo ni poca ni mucha razón en ninguna de mis afirmaciones.