La letra L es una gran letra. Por ella comienza el nombre de mis dos hijas. De haber tenido un niño, se hubiera llamado Leo (antes de que Pe lo pusiera de moda, que conste).
Además, la elegancia de la ele se deja ver en palabras como Libertad, Letras, Luna, Literatura, Lecho, Laberinto y, por supuesto, Luz. Sí, sé que también encontramos la L en conceptos que parecen a priori menos poéticos, como lorzas, pero como dice mi amiga Bea con mucha gracia, la lorza es bella.
En un principio quise dedicar este post de la ELE a mis dos hijas, hablando de ellas, de cómo son, de cómo sienten, de por qué son tan especiales. Como eso casi me obligaba a decir sus nombres, he preferido la palabra LUZ, que es una palabra que me encanta, tanto por su sonoridad como por todo lo que lleva implícito. Y porque tengo debilidad por las palabras cortas y que lleven Z, H, Ñ. Rarita que es una.
Cuando un bebé nace se dice que su madre "da a luz" o que le "alumbra". Por lo tanto, la luz está en el origen mismo de la maternidad. Aunque yo misma me sintiera madre cuando estaba embarazada (también cuando esperaba a mi L.E.), en realidad aún no lo era de forma, digamos, oficial. Siempre me ha gustado esta acepción del verbo en español. Parir o "to give birth" en inglés no tienen ese matiz tan sugerente que sí tiene el "dar a luz", o darlo al mundo que dicen también los portugueses, que transmite el sentimiento de que algo muy importante está pasando cuando nace un niño.
Así que, desde que ese momento llega a la vida de las madres, aparte de sentirnos como si nos hubiera pasado por encima una apisonadora, el concepto de luz y luminosidad cambia totalmente en nuestras vidas. Es algo que siempre decimos que no se puede describir con palabras, aunque parezcamos cansinas de tanto repetirlo. Y como las letras no nos alcanzan, utilizamos las metáforas. Por eso decimos cosas como por ejemplo:
> Mis hijas son mis soles...
> ...Están llenas de luz
> ...Me iluminan con su sonrisa
>... Son la luz de mis días
Y cursiladas de este tipo.
Nos encanta decir que ellos son quienes nos iluminan en el camino,
quienes nos insuflan la energía necesaria para vivir el día a día, para
lidiar con las pequeñas y grandes dificultades que nos encontramos cada
uno. Sí, las madres (y algunos padres) somos así de cursis y, por qué no
decirlo, un pelín "repelentes", soy consciente. Como diría a mi madre, a
mi no me da 'cuidao' (a mí no me importa) decirlo las veces que haga
falta. Digan lo que digan. Por mis hijas mato y digo cursiladas, con un par.
Más de una vez he sido capaz de reirme a carcajadas en medio de uno de esos días horripilantes en los que se te sale el malrollismo por las orejas. He podido encontrar bajo las piedras más pesadas motivos de sobra para relativizar, avanzar, continuar, crecer. He sabido salir de situaciones complicadas y me he superado a mí misma cientos de veces. Y sigo haciéndolo. Y no sólo por darles ejemplo, sino porque ellas me motivan y me inspiran (ya lo dije en la I de inspiración).
Ellas son mucho más que esa luz que necesito para no tropezarme y darme golpes por las esquinas. Son generadoras de la energía que por mí misma me cuesta mucho conseguir. Curioso que a veces también sienta que son las que me absorben esa energía y me dejan aplanada como los dibujos animados de los 80. Contradicciones de la maternidad.
Ellas están llenas de luz. Cada una a su manera. La luz de L. es una luz blanca y radiante. La de L.E. es una luz multicolor. Ambas son buena gente, cariñosas, listas, divertidas, generosas, dispuestas a darlo todo por un ratito con su mamá o su papá (y por jugar con el iPad).
Si no hubiera sido madre, seguro que hubiera encontrado otras formas de que mi vida tuviera sentido. No voy a decir esa frase manida de que no he encontrado valor en mi vida hasta que no han llegado. Porque no es cierto. Parece que entonces si no eres madre o padre no merece la pena vivir y eso es absurdo, injusto y falso. La vida merece la pena por sí misma. Hay tanto y tanto que disfrutar, que sentir, que vivir.
Eso sí, ahora que las tengo, no podría imaginarme la vida sin ellas aquí. Sin sus luces y sus sombras. No las de ellas, que son cuasi perfectas, jeje, sino las de la maternidad, de las que ya conté algo hace un tiempo.
Las luces son luces porque hay sombras y oscuridad. Y yo sé que con ellas a mi lado la oscuridad desaparece al poco tiempo o, al menos, se oculta lo suficiente para poder VER lo que necesito ver sin encender ninguna bombilla.
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jueves, 12 de septiembre de 2013
jueves, 25 de julio de 2013
Cosas que mis hijas dirán que decía su madre
El otro día escuché una voz familiar que decía: "ni jo ni ja" y me entró el pánico. Resulta que era yo hablándole a mis hijas. Soltando una de esas frases de mi madre que aborrecí cuando era niña y que ahora yo misma repetía enfadada a las mías sin ninguna vergüenza. ¿Cómo podía estar pasándome esto?
Y en esas que un pensamiento me llevó al otro y me di cuenta de que, no sólo salían de mi boca frases heredadas de mi infancia, sino que había creado un lenguaje propio que en el futuro mis herederas podían evocar en un blog y transmitirlo vía interplanetaria a otras galaxias. Porque seguro que en veinte años todos viajamos en naves espaciales y nos vamos de vacaciones a otros mundos. Fijo que sí.
Así que he decidido hacer acopio de todas ellas para reflexionar sobre el tema, suprimir o modificar las más feas, bajar la frecuencia de las cansinas e insistir con las buenas. Todo para que en el más allá los extraterrestres me vean como una madre modelo.
Allá vamos...
Las feas
> Chicasssssss no empecemos. Chicasssss ya vale. CHICASSSSSSSSSS. YA ESTÁ BIEN.
Mejor si digo: chicas, ¿sabéis una cosa? me encanta cuando no os enfadáis y me entristece cuando peleáis. ¿Creéis que sería posible intentar llevaros bien hoy? A lo mejor podemos jugar un rato juntas después si todas estamos contentas.
> Se acabó lo que se daba, no quiero saber nada más sobre el tema.
Mejor si digo: me gustaría que me contárais cada una qué ha pasado y luego vemos cuál es la mejor forma de solucionarlo.
> Vais a conseguir que me enfade y no quiero.
Mejor si digo: sé que estáis cansadas (enfadadas, aburridas, nerviosas) y yo también estoy un poco cansada. ¿Qué tal si cantamos un poco para relajarnos?
> ¿Dónde están vuestros zapatos? Me duele la boca de deciros que no vayáis descalzas.
Mejor si : se ponen unos calcetines especiales de estar por casa que les sirvan para no hacerse daño ni resbalar y que sean cómodos.
> No quiero ver más juguetes encima de la mesa.
Mejor si digo: chicas, cuando terminéis de jugar por favor llevar los juguetes de nuevo a vuestro cuarto. Así podréis volver a traer otros juguetes mañana.
> ¿Cómo es posible que acabe de barrer y ya lo tengáis todo lleno de papelitos?
Mejor si digo: por favor, recoged esos papelitos en esta caja y tirarlos a la basura. ¿Os apetece aprender a barrer?
> Ni se te ocurra volver a pegar, gritar, dar un portazo, tirar eso al suelo otra vez.
Mejor si: escribimos las normas de la casa en un cartel enorme con dibujos y cada vez que se incumpla una norma se dibuja una cara triste o sonriente si se cumple. Quien consiga 5 ó 10 sonrientes se lleva un premio (jugar toda la tarde con mamá/papá en exclusiva o algo similar).
Las cansinas
> Chicas, a hacer un pis antes de salir de casa, vamos.
> ¿Lo tenéis todo preparado? ¿Zapatos, mochilas, abrigo, almuerzo?
> Después de cenar a la cama de cabeza que mañana hay que madrugar.
> El pijama se dobla y se guarda.
> La ropa no se deja tirada en el suelo del baño.
> Los zapatos no se dejan en el salón.
> Hay que comer fruta.
> Portaos bien chicas y ayudad en todo lo que podáis (cuando se quedan en casa de alguien).
Las buenas
> Os quiero mucho mucho mucho muchísimo.
> Eres la niña de cuatro años más guapa del mundo. Eres la niña de nueve años más guapa del mundo.
> Qué listas que sois.
> Vaya dibujos más chulos que hacéis.
> Olé niñas, muy bien hecho.
> Muchas gracias cariño, eres un sol. Ven que te dé un beso.
> Qué tengáis muy buen día princesas.
> No te preocupes, todo va a salir bien.
> Contadme, ¿qué tal ha ido el día corazones?
> Buenas noches, que tengáis dulces sueños.
PD. Vale, chicas, ya sé que no he dicho nada de los tacos, es que está feo dejarlo por escrito, ¿me entendéis no?
L. y L.E.: vale mami, pues entonces deja de decir todo eso que dices cuando vamos en el coche o si no, luego no te quejes de que nosotras lo digamos también, ¿eh?
Y en esas que un pensamiento me llevó al otro y me di cuenta de que, no sólo salían de mi boca frases heredadas de mi infancia, sino que había creado un lenguaje propio que en el futuro mis herederas podían evocar en un blog y transmitirlo vía interplanetaria a otras galaxias. Porque seguro que en veinte años todos viajamos en naves espaciales y nos vamos de vacaciones a otros mundos. Fijo que sí.
Así que he decidido hacer acopio de todas ellas para reflexionar sobre el tema, suprimir o modificar las más feas, bajar la frecuencia de las cansinas e insistir con las buenas. Todo para que en el más allá los extraterrestres me vean como una madre modelo.
Allá vamos...
Las feas
> Chicasssssss no empecemos. Chicasssss ya vale. CHICASSSSSSSSSS. YA ESTÁ BIEN.
Mejor si digo: chicas, ¿sabéis una cosa? me encanta cuando no os enfadáis y me entristece cuando peleáis. ¿Creéis que sería posible intentar llevaros bien hoy? A lo mejor podemos jugar un rato juntas después si todas estamos contentas.
> Se acabó lo que se daba, no quiero saber nada más sobre el tema.
Mejor si digo: me gustaría que me contárais cada una qué ha pasado y luego vemos cuál es la mejor forma de solucionarlo.
> Vais a conseguir que me enfade y no quiero.
Mejor si digo: sé que estáis cansadas (enfadadas, aburridas, nerviosas) y yo también estoy un poco cansada. ¿Qué tal si cantamos un poco para relajarnos?
> ¿Dónde están vuestros zapatos? Me duele la boca de deciros que no vayáis descalzas.
Mejor si : se ponen unos calcetines especiales de estar por casa que les sirvan para no hacerse daño ni resbalar y que sean cómodos.
> No quiero ver más juguetes encima de la mesa.
Mejor si digo: chicas, cuando terminéis de jugar por favor llevar los juguetes de nuevo a vuestro cuarto. Así podréis volver a traer otros juguetes mañana.
> ¿Cómo es posible que acabe de barrer y ya lo tengáis todo lleno de papelitos?
Mejor si digo: por favor, recoged esos papelitos en esta caja y tirarlos a la basura. ¿Os apetece aprender a barrer?
> Ni se te ocurra volver a pegar, gritar, dar un portazo, tirar eso al suelo otra vez.
Mejor si: escribimos las normas de la casa en un cartel enorme con dibujos y cada vez que se incumpla una norma se dibuja una cara triste o sonriente si se cumple. Quien consiga 5 ó 10 sonrientes se lleva un premio (jugar toda la tarde con mamá/papá en exclusiva o algo similar).
Las cansinas
> Chicas, a hacer un pis antes de salir de casa, vamos.
> ¿Lo tenéis todo preparado? ¿Zapatos, mochilas, abrigo, almuerzo?
> Después de cenar a la cama de cabeza que mañana hay que madrugar.
> El pijama se dobla y se guarda.
> La ropa no se deja tirada en el suelo del baño.
> Los zapatos no se dejan en el salón.
> Hay que comer fruta.
> Portaos bien chicas y ayudad en todo lo que podáis (cuando se quedan en casa de alguien).
Las buenas
> Os quiero mucho mucho mucho muchísimo.
> Eres la niña de cuatro años más guapa del mundo. Eres la niña de nueve años más guapa del mundo.
> Qué listas que sois.
> Vaya dibujos más chulos que hacéis.
> Olé niñas, muy bien hecho.
> Muchas gracias cariño, eres un sol. Ven que te dé un beso.
> Qué tengáis muy buen día princesas.
> No te preocupes, todo va a salir bien.
> Contadme, ¿qué tal ha ido el día corazones?
> Buenas noches, que tengáis dulces sueños.
PD. Vale, chicas, ya sé que no he dicho nada de los tacos, es que está feo dejarlo por escrito, ¿me entendéis no?
L. y L.E.: vale mami, pues entonces deja de decir todo eso que dices cuando vamos en el coche o si no, luego no te quejes de que nosotras lo digamos también, ¿eh?
jueves, 23 de mayo de 2013
AZ de la maternidad, con C... de Celos
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También recuerdo que a él mi madre le compraba bollicaos para el recreo y a mí no. Nunca supe el motivo de esto. Sólo sabía que me daba mucho coraje. Y que mi madre me echó una de sus broncas por quejarme.
Mis padres solían responsabilizarme a mí, por ser la mayor, de todas las trifulcas que teníamos. Y eso sí que sacaba mi lado más irrasciable. Más de dos veces, todo acababa en portazo y encerrona a llorar en mi cuarto.
Así que sí, podíamos decir que tenía celos de mi hermano. Celos por tener cosas que yo no tenía. Celos por ser más pequeño que yo. Celos por quitarme la atención de mis padres.
Cuando tuve a mi segunda hija me preocupaba mucho este tema. Los madres y padres de hoy día nos inquietamos mucho más por cada aspecto de la vida de nuestros hijos. Nos gusta aprender y saber cómo es la mejor forma de conseguir que nuestros vástagos sean felices y buena gente. No es que los de antes no lo desearan, pero ni había tanta información, ni formación, y los niños estaban en un segundísimo plano. "Los niños hablan cuando hacen pis las gallinas", decía el abuelo de marío.
Antes nadie te traía un regalo cuando venía a visitar a tu hermanito recién nacido, por ejemplo. Casi ni te hacían caso. Que ya había bastante con tener que lavar los pañales de tela. Ahora tenemos libros, artículos, blogs sobre este tema de los celos y multitud de estrategias para mitigarlos o intentar evitarlos.
He llegado a la conclusión de que no sirven para nada. Los regalos, las caricias, los piropos, los cuentos, los tiempos en exclusiva, el hacerles partícipes del cuidado del hermano. Nada sirve para evitar ese sentimiento de "sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndolo en otra" (acepción de la RAE)".
Al principio los celos eran de la mayor, después eran de la pequeña y ahora son de ambas. Ellas saben que esos sentimientos no les llevan a nada bueno, como lo sabía yo cuando tenía 9 años. Sin embargo, no los pueden evitar, por mucho que las piropee a la vez, les intente dedicar el mismo tiempo por separado, les lleve sandwiches de nocilla al cole y les compre ropa igual de molona y en la misma proporción (a pesar de que ambas tienen ropa heredada). Esto es "asín". Ya lo he aceptado.
miércoles, 13 de marzo de 2013
Esas cosas tan diferentes que tenemos las madres de hoy
Ayer por fin me armé de valor y me puse a coser el roto del anorak de Lucía. Me espanta coser. Desde bien chiquitica. Mi asignatura odiosa del cole era pretecnología. Ahora que caigo, PRE-TECNOLOGÍA, jajaja, no lo había pensado nunca. Era eso que estudiábamos antes de la era de la tecnología ;-)
Pues eso, anoche sufrí mucho. Primero enhebrando la aguja. Diez minutos empeñada en meter ese hilo por ese ¿agujero? del demonio, empeñada en no cortar el extremo con las tijeras para que fuera más fácil. Tengo alma de sufridora. Luego estuve unos quince minutos intentando arreglar el descosido de una forma elegante, que es como mi madre decía que se tenía que hacer: "coser sin dedal es de marranas". Nunca entendí esta frase. El resultado fue que me pinché 200 veces, con dedal incluido, y me salió un churro de costura. Menos mal que todo es de color azul marino y casi no se aprecia.
A pesar de todo me sentí orgullosa y satisfecha por el deber cumplido. Y por ser fiel a una de las máximas de la república independiente de mi casa desde que empezó la crisis: "intenta arreglar lo que esté roto antes de tirarlo y comprar uno nuevo".
Y en estas estaba que se me ocurrió hacer otra de mis listas. Esta vez con las diferencias entre las madres de antes y las madres de hoy día. Cuánto me acuerdo de mi madre cuando me decido a coger el costurero de lo alto de la estantería:
> Las madres de antes (M.A) cosían dobladillos y descosidos de forma perfecta y hasta "aseguraban" los botones cuando comprabas la ropa antes de estrenarla. Las madres de hoy (M:H) o vamos a la "retucherí", o se lo damos a nuestras propias madres o nos aguantamos sin botones durante meses. Siempre hay excepciones de madres de hoy que cosen, que son mis ídolas, como M.
> Las MA cocinaban todos los días y (casi) todas las noches platos maravillosos con productos frescos que sabían a gloria. Las MH vamos a la compra como locas. A horas intempestivas a veces, entre la salida del trabajo y la del cole. Es tener media hora libre y aprovechamos para pasar por el Ahorramás. Sabemos que esas bandejas de platos preparados no son sanas y hasta pueden llevar carne de caballo o cosas peores. Aun así a veces las metemos al carro cerrando los ojos. ¿Y quién no va de vez en cuando a la hamburguesería más cercana a llevarse unos menús que solucionen una aburrida cena de lunes? Las MA no lo hicieron jamás.
> Las MA no iban al gimnasio. Ya tenían bastante con hacer todas sus labores del hogar, ir andando a la compra y a por los niños al cole. Y si trabajaban fuera de casa como unas pocas que me sé, acababan exhaustas, porque entonces no existía eso del reparto de tareas. La mayoría no tenían coche ni carné. Por eso tampoco decían tacos. Las MH afortunadamente vamos motorizadas y asustamos a nuestros hijos cuando despotricamos al volante. Pagamos el gimnasio religiosamente. Y a veces, vamos.
> Las MH (y algún PH que otro) sacamos fuerzas de debajo de las piedras para, una vez hechas papilla tras la larga doble jornada en la oficina y en casa, leer un cuento a nuestros retoños. En la época de las MA apenas se editaban cuentos infantiles, la mayoría eran de princesas y lobos y se lo leían los niños a sí mismos cuando aprendían a leer a los cinco años.
> Alguna vez he escuchado esto de una MA: "si estás aburrido, date con una piedra en la espinilla". Las MH no permiten que sus hijos se aburran. Las hay muy creativas que inventan mil y un juegos para entretener a sus polluelos. Otras buscamos ideas en internet. Y si no tenemos internet a mano, ni fuerzas para hacernos cosquillas (juego socorrido donde los haya), el bendito Bob Esponja viene en nuestra ayuda.
> Las MA iban a la pelu todas las semanas. Volvían con la cabeza el triple de grande y con un olor a laca Nelly que tiraba de espaldas. Las MH vamos cuando ya no nos queda otra, cuando las raíces se ven a kilómetros o las puntas quebradas nos llegan a la mitad de la melena. Y salimos de allí muy cabreadas porque nos han cortado de más y nos han dejado la cuenta en menos algo.
> Las MA llevaban vestidos pre-mamá horrorosos, parían con dolor o, si no podían, adoptaban con vergüenza. Las MH presumen de tripón con vestiditos ajustados (yo no me atreví), parimos con mucho menos dolor o mínimo, y si decidimos adoptar lo hacemos con orgullo y alegría (y sufrimiento, porque adoptar es un proceso que duele tanto o más que un embarazo). Aprovecho para animar a todas esa mamás y papás que están pasando por la angustiosa espera de la adopción y que están perdiendo las fuerzas por la enorme dilatación de los procesos en la actualidad.
> Las MA no se sentaban a hacer los deberes con sus hijos ni de broma. Tampoco los PA. Muchas veces porque no sabían más que las cuatro reglas los pobres. Las MH les hacen hasta los trabajos de Science sobre los volcanes y los ecosistemas. Los profes deberían plantearse ponerles notas a los padres o abuelos aparte de a sus hijos.
> Las MA querían mucho a sus hijos aunque les tirarán la zapatilla de vez en cuando. Las MH queremos mucho a nuestros hijos, a pesar de que a veces les mimamos mucho más de lo que deberíamos y les pasamos por alto cosas que las MA nunca hubieran dejado sin un cachete "bien dao".
Como siempre, estoy generalizando y exagerando, y no tengo ni poca ni mucha razón en ninguna de mis afirmaciones.
Pues eso, anoche sufrí mucho. Primero enhebrando la aguja. Diez minutos empeñada en meter ese hilo por ese ¿agujero? del demonio, empeñada en no cortar el extremo con las tijeras para que fuera más fácil. Tengo alma de sufridora. Luego estuve unos quince minutos intentando arreglar el descosido de una forma elegante, que es como mi madre decía que se tenía que hacer: "coser sin dedal es de marranas". Nunca entendí esta frase. El resultado fue que me pinché 200 veces, con dedal incluido, y me salió un churro de costura. Menos mal que todo es de color azul marino y casi no se aprecia.
A pesar de todo me sentí orgullosa y satisfecha por el deber cumplido. Y por ser fiel a una de las máximas de la república independiente de mi casa desde que empezó la crisis: "intenta arreglar lo que esté roto antes de tirarlo y comprar uno nuevo".
Y en estas estaba que se me ocurrió hacer otra de mis listas. Esta vez con las diferencias entre las madres de antes y las madres de hoy día. Cuánto me acuerdo de mi madre cuando me decido a coger el costurero de lo alto de la estantería:
> Las madres de antes (M.A) cosían dobladillos y descosidos de forma perfecta y hasta "aseguraban" los botones cuando comprabas la ropa antes de estrenarla. Las madres de hoy (M:H) o vamos a la "retucherí", o se lo damos a nuestras propias madres o nos aguantamos sin botones durante meses. Siempre hay excepciones de madres de hoy que cosen, que son mis ídolas, como M.
> Las MA cocinaban todos los días y (casi) todas las noches platos maravillosos con productos frescos que sabían a gloria. Las MH vamos a la compra como locas. A horas intempestivas a veces, entre la salida del trabajo y la del cole. Es tener media hora libre y aprovechamos para pasar por el Ahorramás. Sabemos que esas bandejas de platos preparados no son sanas y hasta pueden llevar carne de caballo o cosas peores. Aun así a veces las metemos al carro cerrando los ojos. ¿Y quién no va de vez en cuando a la hamburguesería más cercana a llevarse unos menús que solucionen una aburrida cena de lunes? Las MA no lo hicieron jamás.
> Las MA no iban al gimnasio. Ya tenían bastante con hacer todas sus labores del hogar, ir andando a la compra y a por los niños al cole. Y si trabajaban fuera de casa como unas pocas que me sé, acababan exhaustas, porque entonces no existía eso del reparto de tareas. La mayoría no tenían coche ni carné. Por eso tampoco decían tacos. Las MH afortunadamente vamos motorizadas y asustamos a nuestros hijos cuando despotricamos al volante. Pagamos el gimnasio religiosamente. Y a veces, vamos.
> Las MH (y algún PH que otro) sacamos fuerzas de debajo de las piedras para, una vez hechas papilla tras la larga doble jornada en la oficina y en casa, leer un cuento a nuestros retoños. En la época de las MA apenas se editaban cuentos infantiles, la mayoría eran de princesas y lobos y se lo leían los niños a sí mismos cuando aprendían a leer a los cinco años.
> Alguna vez he escuchado esto de una MA: "si estás aburrido, date con una piedra en la espinilla". Las MH no permiten que sus hijos se aburran. Las hay muy creativas que inventan mil y un juegos para entretener a sus polluelos. Otras buscamos ideas en internet. Y si no tenemos internet a mano, ni fuerzas para hacernos cosquillas (juego socorrido donde los haya), el bendito Bob Esponja viene en nuestra ayuda.
> Las MA iban a la pelu todas las semanas. Volvían con la cabeza el triple de grande y con un olor a laca Nelly que tiraba de espaldas. Las MH vamos cuando ya no nos queda otra, cuando las raíces se ven a kilómetros o las puntas quebradas nos llegan a la mitad de la melena. Y salimos de allí muy cabreadas porque nos han cortado de más y nos han dejado la cuenta en menos algo.
> Las MA llevaban vestidos pre-mamá horrorosos, parían con dolor o, si no podían, adoptaban con vergüenza. Las MH presumen de tripón con vestiditos ajustados (yo no me atreví), parimos con mucho menos dolor o mínimo, y si decidimos adoptar lo hacemos con orgullo y alegría (y sufrimiento, porque adoptar es un proceso que duele tanto o más que un embarazo). Aprovecho para animar a todas esa mamás y papás que están pasando por la angustiosa espera de la adopción y que están perdiendo las fuerzas por la enorme dilatación de los procesos en la actualidad.
> Las MA no se sentaban a hacer los deberes con sus hijos ni de broma. Tampoco los PA. Muchas veces porque no sabían más que las cuatro reglas los pobres. Las MH les hacen hasta los trabajos de Science sobre los volcanes y los ecosistemas. Los profes deberían plantearse ponerles notas a los padres o abuelos aparte de a sus hijos.
> Las MA querían mucho a sus hijos aunque les tirarán la zapatilla de vez en cuando. Las MH queremos mucho a nuestros hijos, a pesar de que a veces les mimamos mucho más de lo que deberíamos y les pasamos por alto cosas que las MA nunca hubieran dejado sin un cachete "bien dao".
Como siempre, estoy generalizando y exagerando, y no tengo ni poca ni mucha razón en ninguna de mis afirmaciones.
viernes, 22 de febrero de 2013
Reflexiones sobre el universo
"Mamá, ¿tú crees que hay vida en otros planetas?, y eso de que el universo sea infinito... realmente no lo entiendo, ¿cómo puede ser que el universo no se acabe por ningún sitio? Eso es muy raro, rarísimo, no lo puedo entender, ¿y cómo se creó el universo? Si se creó alguna vez es que tuvo un principio, luego no puede ser infinito, ¿no?. Mamá tengo muchas dudas y me temo que voy a tener que vivir con ellas para siempre".
Todo lo que hay escrito en el párrafo anterior me lo soltó ayer mi hija mayor (9 años) de corrido, casi sin respirar, cuando salimos del coche y nos dirigíamos desde el garaje a casa. Mientras trataba de buscar una respuesta científicamente coherente a su primera pregunta, ella siguió hablando sin parar como si no hubiese mañana y no me dio tiempo a reaccionar de forma adecuada, por eso creo que remató su perorata con "me temo que voy a tener que vivir con ellas". Era una frase con doble sentido, quería decir por un lado que había notado que yo no iba a responder a sus preguntas, y por otro, que quizá nadie jamás pudiera responderlas. Creo que era Calvin, de Calvin y Hobbes, quien decía aquello de que "no tiene sentido ser madre si no lo sabes todo". Me da a mí que esta niña empieza ya a darse cuenta de que no soy la mujer perfecta que ella imagina...
Un poco más tarde, mi otra peque (4 años) me trae su monedero lleno de monedas de 5, 2 y 1 céntimos y me suelta, "guan, chu, zri, for, fie, six, seven, eich, nain, ten, mamá, ¿a qué tengo muy pocas monedas? NECESITO más monedas mamá, porfaaaaaaaaaaaaa, me tienes que dar más monedas". Así que fui a mi cartera y me deshice de todas las monedas enanas que tenía. Ella se quedó tan feliz y emocionada pensando que ya tenía para su "aifon" de niños. Otra que se va a llevar una decepción muy grande cuando caiga en la cuenta que con sus muchas monedas no va a tener ni para un chupa-chups.
Aysssss, qué poco me queda para seguir siendo la mejor mamá del mundo.
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