sábado, 6 de julio de 2013
Sábado de sensaciones (III): paz veraniega
Sábado de junio. Pleno verano sin mucho calor. Parque del Retiro en Madrid. Croquetas y empanada. Paltos y vasos de plástico. Coca-cola zero. Agüita. Ensaladas de bote y una sábana gigante. La felicidad de quedarse descalzo y sentir el césped en la piel. La sombrita. Las risas de las niñas. Y un deseo: un pedazo de hielo gigante para congelar el momento. Esto debe ser algo parecido al paraíso.
viernes, 5 de julio de 2013
Viernes con arte: Andrea D'Aquino
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| Flow Magazine (Netherlands) |
Descubrí a esta artista hace unas semanas, buceando en revistas digitales de arte e ilustración, uno de mis pasatiempos favoritos. Concretamente en It's nice that.
Como ella explica en su web, Andrea D'Aquino se ha resistido siempre a que la etiqueten como Directora de Arte, Ilustradora, Diseñadora Gráfica o Escritora y lo que la hace feliz es realmente abarcar un poco de cada una de estas cosas.
Tras trabajar para clientes de la talla de Giorgio Armani o The New York Times, decidió marchar en solitario por otros caminos. Se define como un ser humano con sus complejidades y contradicciones y afirma que hay mucho de sí misma en cada uno de sus trabajos. Se reserva el derecho a ser impredecible. Lo cual me encanta.
Lo mejor es que admires su arte. Me gusta especialmente por el uso tan particular que hace del color, esa difuminación de las formas, esa yuxtaposición, ese estilo que bebe tanto del collage, y esa forma de comunicar tanto de forma aparentemente sencilla, que es la forma más complicada de todas.
A mí me recuerdan a las imágenes de los sueños, entre la fantasía y la realidad. Ver sus ilustraciones me pone de buen humor, ¿a ti no?
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| Family Fun Kids : artículo acerca de una madre que enseñó a escribir a su hijo mediante el scrapbooking. |
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| Poster para una Sociedad de Sordos y Ciegos de España |
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| Ilustración para un artículo de The Bold Italic sobre tipos de perfiles de hombres en las webs de citas |
El artículo que ilustra esta última no tiene desperdicio. Está en inglés, pero con un poco de translator puedes hacerte una idea en caso de que no domines el idioma.
Nieves, ¿has visto el sexto de los personajes? Me he acordado de ti ;-) Es el chico que parece demasiado bueno para ser verdad.
Algunas de sus obras se pueden comprar también. Esta que pongo aquí me ha molado mucho. Mi cumpleaños es en octubre. Ahí lo dejo.
miércoles, 3 de julio de 2013
AZ de la maternidad. I de Inspiración.
Estoy segura de que no hace falta ser madre para ser tocado
por su varita como tampoco las mujeres no madres se libran de las heridas. A
veces siento que mis reflexiones sobre la maternidad excluyen a otras mujeres
que no han tenido hijos y no es así. Sólo trato de exponer mi visión personal
alrededor del hecho de ser madre. Sin valorar la de otros. Así de sencillo.
Como decía, la musa vino a mí al quedarme embarazada, después
de muchos años sin hablarnos ni querer saber nada la una de la otra. Confieso
que era una relación desigual, de esas en las que uno da más que el otro. Yo estaba
en desventaja porque la quería con toda mi alma y ella me ignoraba por
completo. Vamos, no es que diéramos una más y otra menos, es que ella no me
daba nada de nada.
Al saber que estaba esperando un bebé, me compré un cuaderno
y me propuse rellenarlo con mis pensamientos sobre ese momento especial de mi
vida. Fue mi primer “blog” que nunca publiqué al mundo.
A partir de ahí, cuando la niña tenía poco más de un año,
empecé con los talleres de escritura. Primero, gracias a mi amiga T., que me
introdujo en la Asociación Colegial de
Escritores. Los lunes, después de trabajar, me iba al centro de Madrid y,
tras una hora de atasco, llegaba siempre tarde a aquella sala fría y
desangelada de La enana marrón. Ahí
me quedaba absorta, con la boca abierta de escuchar a escritores y poetas de
los grandes y no tanto. Y de escuchar a los compañeros, todos ellos a años luz
de una humilde servidora. Tanto que creo que sólo conseguí leer en voz alta uno de mis relatos en
aquellos días.
Después de aquel taller, vino el de Fuentetaja. Un curso online
que me dio herramientas para abrir la caja de la creatividad que necesitaba
para ponerme en marcha. Tras él, me apunté al Hotel Kafka y tuve mi
actuación estelar nada más llegar.
Más o menos por aquellas fechas, decidimos emprender una
nueva aventura. La adopción llegaba a nuestras vidas, primero como una ilusión,
después como una ILUSIÓN y una REALIDAD. Entró con fuerza desde el día que nos
presentamos con cara de bobos en la reunión informativa de la Comunidad de
Madrid, primer paso para adoptar. Y desde ahí, todo un viaje precioso que narré con
todo lujo de detalles. La musa se instaló en mi vida de forma casi
permanente y fue una compañera ideal de aquel tiempo.
Casi a la vez, nació El arte es libre, mi otro hijo
de la blogosfera, con mi amiga Cristina, autora de los dibujos. Se nos ocurrió
unir nuestras pasiones creativas en un único espacio. Y, aunque no hemos
seguido un ritmo constante, es un proyecto al que tengo gran cariño y que
siempre me he resistido a abandonar. Hasta publicamos dos libros, de edición
limitada, uno de dos ejemplares y otro de cinco. Cris, te debo un poema, lo sé
;-)
Cuando llegó L.E. la musa me abandonó. Me dejó tirada como
se deja la ropa en el suelo de la habitación al llegar de una noche de juerga. Dejé
el blog de la adopción, los relatos que escribía fuera, el blog de El arte… No
era capaz de escribir de nada en ninguna parte.
Pero el gusanillo seguía ahí. Dormitando cual oso en
invierno.
En septiembre de 2012 decidió despertarse y volver al mundo.
La inspiración comenzó a dejar algunas palabras con sentido en el blog de
poemas. Y después, me llevó a comenzar este otro en el que escribo.
¿Qué es lo que me impulsó a seguir adelante y no desfallecer
en el camino? La inspiración que encuentro al mirar a mis hijas y al escuchar
sus risas, por supuesto. Pero voy más allá. Ellas fueron el detonante. La
energía me ha venido de mí misma, de bucear en mí para conocerme mejor y darme
cuenta de quién soy realmente y de qué quiero en esta vida. Para descubrir lo
mejor de mí y sacarlo fuera, para mostrarme al mundo con mi mejor vestido y mejorar
cada día en la parte no tan buena, los puntos de mejora.
El conocimiento interior es tremendamente apasionante e
ilusionante. Un camino de que estoy recorriendo con la mejor compañía. Algo de
lo que a lo mejor, hablo algún día, en este blog o en otro. Nunca se sabe por
dónde te va a llevar la vida.
martes, 2 de julio de 2013
El geniecillo de la velocidad
Esto érase que se era una especie de cosa amorfa y gaseosa que gustaba de habitar los interiores de los vehículos a motor.
Lo que le distinguía de las demás criaturas extrañas del universo, por encima de todo, era su tremendamente contagioso mal humor. Era una cosa horrorosa.
No siempre fue así. Cuentan que hace cientos de años, el geniecillo de la velocidad vivía tranquilo en lo alto de los árboles, volando de acá para allá sin más preocupación que encontrar un hueco confortable donde pasar la noche. Eso sí, siempre le encantó viajar deprisa, ir rápido, volar más alto y más lejos, sólo por el gusto de sentir el aire en su cuerpecillo.
Al parecer, un día unos gigantes de hierro llegaron al bosque y arrasaron con todo, privando al geniecillo de su morada y su razón de existir.
Poco a poco se fue volviendo huraño y desconfiado, cada vez más dispuesto a pegar un grito a aquel que osara a cruzarse en su camino.
Llegó un momento en que nadie le soportaba, y tuvo que hacerse invisible para poder vivir tranquilo, ajeno a las miradas y voces insidiosas del resto de seres fantásticos que poblaban la Tierra.
Un día se coló en un autobús y descubrió lo mucho que le gustaba ir subido al volante del conductor, dirigiendo a su antojo la dirección del motorizado invento. Otro día se metió en un taxi y probó a rebasar los límites de velocidad al tiempo que lanzaba improperios a todo aquel pobre conductor que se atrevió a cruzarse en su camino. Al siguiente se subió a un coche particular, uno de alta gama, y se lo pasó en grande adelantando por la derecha, incluso a otros coches parados en pasos de peatones. Era subir a un vehículo y transformarse por completo la cara y los gestos de quien iba al volante. La gente levantaba los brazos, pegaba gritos, sacaba dedos por la ventanilla y decía palabrotas gordísimas que después los niños repetían en el cole.
Todas las mañanas, nada más levantarse, se lanzaba a los grandes atascos de la ciudad y se adentraba en todos los cacharros de cuatro ruedas que se encontraba. A veces hasta de dos ruedas. Y todo se convertía en un gran circo de insultos, energía negativa y carreras absurdas para llegar a quién sabe dónde y nadie sabe con qué fin.
lunes, 1 de julio de 2013
Yo no fui
Mujer, 27
años, estatura 1,65, peso 60 kilos. Traumatismo craneoencefálico severo y
diversas heridas de cuchillo en el pecho y la espalda. En una mano lleva un
cuchillo jamonero manchado de sangre. Va vestida, pero descalza. Lugar de los
hechos, Calle Nueva número 7. Hora del hallazgo 1:45 de la madrugada. Hora
aproximada de la muerte, 12:00 de la noche.
Aquella voz
del policía describiendo el suceso con la boca pegada a su grabadora me
retumbaba en las sienes. Era incapaz de escuchar nada más. Supongo que sonaban
sirenas de coches oficiales y de ambulancias. Los vecinos gritarían, los
curiosos armarían un gran revuelo agolpados tras la cinta amarilla que impedía
avanzar para ver el espectáculo más de cerca, la sangre, la violencia, la muerte.
Al día
siguiente el diario local publicaba la noticia, ocupando la mitad de una
columna de Sociedad, junto a un gran anuncio de la semana fantástica, debajo de
los muertos por accidente de tráfico del fin de semana
Nueva víctima de la violencia doméstica
María Gil
de Juan, de 27 años y vecina de
Guadalajara,
murió ayer desangrada en la
puerta de
su casa, a causa de las heridas
que le
causó su presunto agresor con un
cuchillo de
cocina, según han confirmado
fuentes
policiales
Su novio,
Antonio L.V., de 30 años,
ha ingresado
esta mañana en prisión
como principal
sospechoso del crimen,
aunque él se
declara inocente de los hechos
que se le
imputan.
La mujer,
que vivía sola y trabajaba
como funcionaria
del Ministerio de
Agricultura,
no tenía hijos.
Con esta
muerte ya son 40 las producidas
por la
violencia de género en lo que va de año.
Esta
habitación huele a detergente barato y a otra persona que no conozco. Él duerme
en una cama sobre mi cabeza. Sus movimientos chirriantes me desagradan, pero
agradezco que su presencia disminuya la soledad. Nunca pensé que tendría un
compañero de celda. Uno no suele imaginarse dentro de una cárcel de verdad
cuando lleva una vida decente y no se mete con nadie. El mundo está lleno de
cosas así, absurdas, inexplicables, que te suceden sin venir a cuento, sin
merecerlo, sin escapatoria visible. Como el instante en que me detuvieron y me
fue imposible abrir la boca para defenderme. Mi cabeza no podía articular las
palabras necesarias. Sólo había espacio para su imagen. Su cuerpo teñido de
rojo en el suelo ardiente de agosto. El vestido que acababa de estrenar aquella
mañana. El tacto de su brazo desnudo cuando me rozó antes de despedirme en el
ascensor. Le hice poco caso porque me preocupaba la visita de las 9:30 en el
despacho. Apenas la miré. No recuerdo si le di un beso de despedida.
Éramos tan
felices juntos… Teníamos por fin nuestra casita, después de dos años buscándola.
Me costó convencerla para dejar Madrid. María prefería vivir en un piso más pequeño
o con menos comodidades antes que marcharse de aquí, pero yo me resistía a
renunciar al ático que me rondaba la cabeza. A la cerveza con los amigos en la
terraza, a los partidos de pádel, al salón de 30 metros donde instalar
el Home cinema. Todo eso era lo que quería. Y eso sólo fue posible en
Guadalajara, a media hora en coche de Avenida de América. Anda, que no te vas a
enterar de que vives en otra provincia, ya lo verás.
Ella tardó
en acostumbrarse a la nueva ciudad. Decía que era como vivir en otro mundo. Los
primeros meses, al volver de la oficina por la noche, la notaba distante, algo
más melancólica que de costumbre. Me gustaba esa parte tristona de su carácter.
Su vulnerabilidad me fortalecía. Conseguir hacerla reír en sus momentos bajos,
que eran bastante frecuentes, no era difícil. No para mí que la conocía tan
bien.
Me decía a
menudo que le daba miedo quedarse sola en casa por las tardes, al volver del
Ministerio, porque había demasiado silencio en la casa, en la calle, en los
edificios de alrededor. Encendía la televisión y subía el volumen, pero a cada
rato tenía que bajarlo porque sentía pasos en la entrada o golpes en la
ventana. No te preocupes cariño, en cuanto tengamos hijos todo esto será
diferente. Ya no te aburrirás ni estarás sola hasta las 22:00. Ella replicaba
diciendo que no pensaba tener hijos para estar ocupada, que esa no era su idea
de familia, que los niños implican mucha responsabilidad y bla, bla, bla. Por
mucho que dijera, yo sabía que estaba deseando ser mamá. Más de una vez la
descubría embobada mirando los bebés de los vecinos del barrio cuando salíamos
a tomar el aperitivo los fines de semana. Nuestros amigos se estrenaban como
padres y nosotros pronto lo haríamos. Tendríamos tres, cada uno con habitación
propia, que para eso decidimos meternos en la de cuatro dormitorios.
¿De verdad
la gente piensa que yo la maté? No me entra en la cabeza. Mi futura esposa, la
futura madre de mis hijos. ¿Cómo iba a ser capaz de hacer algo semejante? Me
oigo y me parezco falso. Pero es que es la pura verdad. Además así, con un
cuchillo de cocina. Me parece una forma de matar tan cutre.
Jamás le
puse la mano encima a María. No niego que más de una vez se me pasó por la
cabeza. Soy un tío bastante tranquilo, no suelo alterarme en momentos de
crisis. Sin embargo, no sé muy bien por qué, María era la única persona capaz
de sacarme de mis casillas. Dicen que la confianza da asco, ¿no? Sucedía en
momentos muy puntuales, fundamentalmente cuando se obcecaba en hablar mal de sí
misma. Cuanto mayor era el esfuerzo que hacía para calmarla, más burradas
soltaba. Empeñada en su mediocridad y su autocompasión, se convertía en alguien
detestable. Si una bofetada hubiera servido de algo… Pero no creo que hubiese
funcionado. La hebilla de mi padre hirviendo en mi cara no tuvo ningún efecto
positivo en mí.
Admito que
lo más lógico para todos es que sea yo el culpable. No sé el porcentaje exacto
de asesinatos de mujeres en los que su pareja es el ejecutor, aunque me
atrevería a decir que más del 80%. Sólo por estadística tengo muchas papeletas
para ser el asesino. Lo que pasa es que no lo soy. No podría hacerlo. Y menos
con un vulgar cuchillo para el jamón.
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