Estoy segura de que no hace falta ser madre para ser tocado
por su varita como tampoco las mujeres no madres se libran de las heridas. A
veces siento que mis reflexiones sobre la maternidad excluyen a otras mujeres
que no han tenido hijos y no es así. Sólo trato de exponer mi visión personal
alrededor del hecho de ser madre. Sin valorar la de otros. Así de sencillo.
Como decía, la musa vino a mí al quedarme embarazada, después
de muchos años sin hablarnos ni querer saber nada la una de la otra. Confieso
que era una relación desigual, de esas en las que uno da más que el otro. Yo estaba
en desventaja porque la quería con toda mi alma y ella me ignoraba por
completo. Vamos, no es que diéramos una más y otra menos, es que ella no me
daba nada de nada.
Al saber que estaba esperando un bebé, me compré un cuaderno
y me propuse rellenarlo con mis pensamientos sobre ese momento especial de mi
vida. Fue mi primer “blog” que nunca publiqué al mundo.
A partir de ahí, cuando la niña tenía poco más de un año,
empecé con los talleres de escritura. Primero, gracias a mi amiga T., que me
introdujo en la Asociación Colegial de
Escritores. Los lunes, después de trabajar, me iba al centro de Madrid y,
tras una hora de atasco, llegaba siempre tarde a aquella sala fría y
desangelada de La enana marrón. Ahí
me quedaba absorta, con la boca abierta de escuchar a escritores y poetas de
los grandes y no tanto. Y de escuchar a los compañeros, todos ellos a años luz
de una humilde servidora. Tanto que creo que sólo conseguí leer en voz alta uno de mis relatos en
aquellos días.
Después de aquel taller, vino el de Fuentetaja. Un curso online
que me dio herramientas para abrir la caja de la creatividad que necesitaba
para ponerme en marcha. Tras él, me apunté al Hotel Kafka y tuve mi
actuación estelar nada más llegar.
Más o menos por aquellas fechas, decidimos emprender una
nueva aventura. La adopción llegaba a nuestras vidas, primero como una ilusión,
después como una ILUSIÓN y una REALIDAD. Entró con fuerza desde el día que nos
presentamos con cara de bobos en la reunión informativa de la Comunidad de
Madrid, primer paso para adoptar. Y desde ahí, todo un viaje precioso que narré con
todo lujo de detalles. La musa se instaló en mi vida de forma casi
permanente y fue una compañera ideal de aquel tiempo.
Casi a la vez, nació El arte es libre, mi otro hijo
de la blogosfera, con mi amiga Cristina, autora de los dibujos. Se nos ocurrió
unir nuestras pasiones creativas en un único espacio. Y, aunque no hemos
seguido un ritmo constante, es un proyecto al que tengo gran cariño y que
siempre me he resistido a abandonar. Hasta publicamos dos libros, de edición
limitada, uno de dos ejemplares y otro de cinco. Cris, te debo un poema, lo sé
;-)
Cuando llegó L.E. la musa me abandonó. Me dejó tirada como
se deja la ropa en el suelo de la habitación al llegar de una noche de juerga. Dejé
el blog de la adopción, los relatos que escribía fuera, el blog de El arte… No
era capaz de escribir de nada en ninguna parte.
Pero el gusanillo seguía ahí. Dormitando cual oso en
invierno.
En septiembre de 2012 decidió despertarse y volver al mundo.
La inspiración comenzó a dejar algunas palabras con sentido en el blog de
poemas. Y después, me llevó a comenzar este otro en el que escribo.
¿Qué es lo que me impulsó a seguir adelante y no desfallecer
en el camino? La inspiración que encuentro al mirar a mis hijas y al escuchar
sus risas, por supuesto. Pero voy más allá. Ellas fueron el detonante. La
energía me ha venido de mí misma, de bucear en mí para conocerme mejor y darme
cuenta de quién soy realmente y de qué quiero en esta vida. Para descubrir lo
mejor de mí y sacarlo fuera, para mostrarme al mundo con mi mejor vestido y mejorar
cada día en la parte no tan buena, los puntos de mejora.
El conocimiento interior es tremendamente apasionante e
ilusionante. Un camino de que estoy recorriendo con la mejor compañía. Algo de
lo que a lo mejor, hablo algún día, en este blog o en otro. Nunca se sabe por
dónde te va a llevar la vida.
