lunes, 10 de junio de 2013

El viaje. Reto 150 palabras: baile, regalo, estallar


Aquel día iba a ser mágico para ella. Era todo tan alucinante que sentía como si fuera a estallar de emoción. La noche anterior no pudo conciliar el sueño. Tenía miedo a quedarse dormida y perder el avión. Un baile de pensamientos angustiosos invadía su mente. ¿Lo llevaré todo en la maleta? ¿Sabré manejarme con el inglés? ¿Compartiré la habitación con mis amigas? ¿Echaré de menos a mamá?

Era la primera vez que salía del país. En esta ocasión no llevaría su peluche favorito. Le daba vergüenza que la vieran con él. Tenía casi trece. Ya no era una niña. Lo que no sabía era que su madre, de madrugada, lo metió a hurtadillas en un bolsillo del equipaje.

Cuando lo descubrió, la noche en la que lloró tanto por culpa de la famosa discusión, fue como abrir un precioso regalo de cumpleaños. Una enorme sonrisa le borró las lágrimas.

domingo, 9 de junio de 2013

La escritura y yo





Nota: esta redacción fue uno de los trabajos del curso que hice con Eloy Tizón en Hotel Kafka en 2007 y que no recordaba haber escrito. Me ha gustado reencontrarme con ello.


                                                  COLECCIÓN DE MOMENTOS

Me gusta escribir en cuadernos pequeños que no ocupen mucho espacio en el bolso. Las hojas tienen que ser blancas, como mucho beige, sin rayas ni cuadrículas. Siempre a lápiz, tal y como lo hacía a los cuatro años en las libretas Rubio. Los lápices son perfectos para los primeros bocetos. No conllevan la permanencia del bolígrafo, el rotulador o la pluma. Necesito las gomas de borrar, a ser posible Milán, que dejan menos marca. Así puedo reescribir sin ensuciar, eliminar lo que no me sirve sin empañar el resto. Odio los tachones, delatores de incertidumbre y equívocos. Aun así a veces no me queda más remedio que usarlos. Las frases que me molestan en una historia son como las personas que me han decepcionado, prefiero descartarlas para siempre. Es complicado este desprendimiento. Porque, al igual que los tachones acaparan la atención en el papel, hay momentos que se agazapan muy adentro y se empeñan en sorprenderte a las cuatro de la mañana en plena fase REM.

Escribir, en cierto modo, forma parte de ese proceso de desprendimiento. Cada palabra en el papel aligera el peso de la tristeza, te hace inmune al desengaño, te alivia del insomnio y las pesadillas. Al mismo tiempo escribir es una carga pesada, una hoja en blanco que se te echa encima y te aplasta, el desasosiego permanente, la inspiración que se ríe en tu cara y se va con otro, dejándote desolado en medio de una noche donde el viento frío se escucha detrás de la ventana.

Me recuerdo cuando era niña inventándome a mí misma por las mañanas. Mi rutina tenía un tono entre el gris y el amarillo, como le ocurre al cielo de la ciudad donde nací cuando amenaza la gota fría. Era tan aburrido ser yo, que imaginaba otras niñas para ser, y jugaba a vivir su vida, me trasladaba a los mundos maravillosos de los cuentos que devoraba en cualquier rincón,  atravesaba el espejo que había frente a mi cama, conocía a seres de lo más estrambótico y divertido y me sucedían todo tipo de aventuras imaginables. En aquella época escribía sólo en mi mente. Pocas veces me atreví a dejar testimonio de mis fantasías, a excepción de las redacciones del colegio.

Con los años me llegó mi primer arrebato de poeta adolescente. La rabia que sentí aquel día al  darme cuenta de que el amor no es eterno, de que las promesas de los demás se pueden incumplir, de que no iba a poder soportar tanto vacío. Las manos se deslizaban sin control por el cuaderno. Era como si vomitase cada palabra, la garganta me dolía, sentía una enorme angustia, que me impedía cualquier otra tarea diferente a la escritura.

Desde entonces siento la necesidad de escribir. Es algo que sé que tengo que hacer. Voy en busca de palabras capaces de expresar lo que me pasa por dentro, como una forma de sacar algo bueno de lo que me disgusta, de gritar, de hacerme fuerte, de embellecer lo cotidiano.

Aunque en realidad, más que ir detrás de las palabras, tengo que reconocer que la pereza me obliga a quedarme esperando a que esas palabras me encuentren a mí. A que se me aparezcan en cualquier parte. En las conversaciones de los desconocidos, en las miradas perdidas de la gente a las ocho de la mañana del lunes, en el movimiento del tren cuando me regreso a casa, en las ciudades que nunca he visitado.

Cada vez que un trozo de historia me viene a la mente, la reflejo en alguna de las múltiples libretas que me acompañan. La mayoría se quedan en nada, en piezas sin encajar, en lo que pudo ser y nunca será. Las otras son casi siempre poemas, escritos a mano de un tirón y después meditados, corregidos y mejorados en una pantalla de ordenador.

Me gusta lo breve y misterioso, el decir sin desvelar, la ambigüedad de la poesía. Me alucina la musicalidad de las palabras, la multiplicidad de significados encerrados en los versos, las imágenes inesperadas, la experimentación, la capacidad de condensación de la buena poesía. Ese es mi destino y mi lenguaje, hacia el que aspiro y en el que ando metida hasta los huesos, al que no soy capaz de renunciar cuando emborrono cuadernos y servilletas. El que intento trasladar a todas las historias que me salen y el culpable de que gaste tantas gomas de borrar hasta que decido colocar el punto y final.





sábado, 8 de junio de 2013

Sábado de sensaciones (I)





Urbana


"Necesitaba tomar el aire, la casa se me caía encima"

Oporto. Junio 2013.



viernes, 7 de junio de 2013

El paso del mundo virtual al de carne y hueso


Ni tres meses llevo metida en esta vorágine de Twitter y Madresfera. Desde entonces he tenido el placer de conocer a muchas personas a través de sus palabras escritas o de las fotos o dibujos que forman parte de sus vidas.

Es increíble que sólo hayan pasado dos meses y pico. Me da la sensación de que conozco a muchos de toda la vida. Que ese hilo rojo del que hablaba por aquí la semana pasada me conecta con más de uno y más de dos. Mañana podría haber puesto cara y ojos, y boca, y manos a muchas de ellas. No va a poder ser. Sé que si lo hicera ahora estaría como un flan de la emoción y de los nervios. Como la noche antes a irme de viaje de estudios. Y sé también que mañana sería un día en el que podrían comenzar muchas grandes cosas.

Gracias a los foros y a mi blog anterior conocí a un montón de buena gente, gente auténtica con la que pasé muy buenos momentos, que estuvieron ahí a mi lado durante todo el proceso de adopción, que lloraron y rieron conmigo, con las que yo lloré y reí también. Y lo mejor de todo es que tuve la ocasión de poder desvirtualizar (la palabra no me gusta mucho, que conste) a muchas de ellas.

A día de hoy, años después, puedo decir que son personas que llegaron para quedarse siempre. Algunas desaparecieron de la faz de la triple www y del mundo 1.0 por esas cosas de la vida, sin embargo, siguen ocupando un lugar grande en mi rincón de personas memorables. No nombro a ninguna porque ellas lo saben y por temor a dejarme a alguien en el tintero debido a mi cabeza loca.

Lo que quiero decir con esto es que, salvo contadísimas excepciones, desvirtualizar es una de las mejores cosas que tiene la virtualización. Tímidas y tímidos de la blogosfera, no tengáis miedo. Va a ir todo genial mañana.

Yo esperaré a octubre en Barcelona. O, si los hados no me dejaran, a un segundo 8J. Y si se puede,antes de todo eso, tendremos un encuentro más en petit comité. No os libraréis de mí ;-)

!Que tengáis un feliz día y suerte a todas las ponentes y a los organizadores!

jueves, 6 de junio de 2013

E... de Etiopía-España. AZ de la maternidad.

"Primero su magia nos entró por los ojos
después vino su sabor, a tierra verde y especias,
y su olor a risas luminosas que no cesan
Todo se remezcló en las entrañas
Y llegó para quedarse siempre
en forma de diminutos seres de pelo esponjoso y alegría forever"


Antes de que Etiopía entrara en nuestras vidas allá por 2007, poco sabíamos de este gran país lleno de gente inmensa. Aparte de la hambruna terrible que asoló la zona en los 80 y de la canción We are the world, que Michael Jackson y Lionel Richie escribieron para recaudar fondos para la causa, poco más sabíamos Marío y yo acerca de esta zona del Cuerno de África.

Cuando empezamos a valorar en serio la idea de adoptar, comenzamos a informarnos por todos los medios a nuestro alcance y cayó en nuestras manos el documental Hijos del corazón. Allí se contaban historias reales de varias adopciones, entre ellas las de dos hermanos etíopes adoptados por una pareja catalana. Hablaban del carácter etíope, con ese orgullo patrio que les caracteriza. De su alegría, con esa forma de sonreír con la boca y con los ojos. Y poco a poco, Etiopía empezó a calarnos y a mostrarse como una de las candidatas con más posibilidades en nuestra lista.

Seguimos leyendo libros, buscando por Internet. Antes de elegir un país para adoptar debes comprobar primero que cumples los requisitos que dicho país impone a las familias adoptivas. Eso ya eliminó de la lista algunos. Después, lo más importante es que sientas algún tipo de vinculación con ese país. Va a ser el país de tu hijo y como tal, debes tener algo de afinidad con él porque es importante que tu hijo se sienta orgulloso de su país de origen, como un paso más en la formación de su identidad. Puede parecer una tontería pero, si no eres capaz de sentir un poco de cariño por su lugar de origen, va a ser difícil que puedas enseñar a tu hijo a quererlo.

Después de mucho mirar, investigar, visitar varias ECAIs (agencias de intermediación en la adopción), teníamos dos opciones que nos llamaban fuertemente: Colombia y Etiopía. Colombia finalmente fue descartada por dos motivos: el tiempo de espera que era enorme entonces y eterno ahora y la impresión que nos causó la ECAI que visitamos. Aparte que Etiopía nos llamaba con mucha fuerza. Parecía que el hilo rojo nos unía de alguna manera a ese país. Como así fue.

Y ahora en mi casa somos de dos países. Somos españoles por supuesto. Con un trozo de alma etíope y la piel negra por dentro (una que yo me sé también por fuera).

Por eso en mi casa, cuando salen los abanderados olímpicos, nos emocionamos el doble. Cuando se celebra la Copa Mundial de Fútbol vamos con dos equipos. Tenemos dos banderas. Dos naciones sin tener doble nacionalidad. Y dos patrias a las que echar de menos. Y todo gracias a la maternidad/paternidad. Por eso lo he querido traer aquí, a este diccionario especial.