Seguro que cada cual tiene su lista de ese tipo de cosas que te dan una pereza horrorosa y que luego, si las haces, te sientes estupendamente, aunque sólo sea por el gran logro de haber vencido a la apatía, una de las peores enemigas de la vida.
Ahí va mi aportación personal a tan interesante (a la par que prescindible) temática:
1. Recoger la cocina por la noche. Cuando ya llega el final del día, estás agotado, deseando pillar el sofá para tumbarte a la bartola a leer o ver una peli o una serie, o a jugar al apalabrados, o a navegar de forma absurda por internet, mirando twitter o facebook...menudo perezón ponerse a fregar y a limpiar la vitro... Y lo a gustito que te sientes al día siguiente, cuando llegas con el ojo pegado a desayunar y tu cocina está limpita y ordenada... ¡eso no tiene precio!
2. Cocinar la comida del día siguiente, para llevar el tupper a la oficina. Qué bajón, después de haber hecho el enorme esfuerzo de preparar la cena, te toca además currarte la comida... Eso si no tienes la suerte de expoliar la cocina de tu madre/suegra o dinero suficiente para comer todos los días de menú, como los señores de traje. Y yo estoy en ambos casos. No tengo ni lo uno ni lo otro. Lo mejor es cuando te ha sobrado comida el finde y la has congelado sabiamente. Luego se agradece esa comida casera que sustituye al bocata de la cafetería del curro. Reconozco que es para nota, de verdad.
3. Ducharse por las mañanas. Es un horror, sobre todo en invierno, cuando sales del calorcito del edredón de ikea al frío suelo de la ducha, cuando todavía no ha dado tiempo a que la calefacción haga de tu casa un hogar. Y para eso si tienes problemas con la caldera como los que una servidora tuvo el año pasado y el agua sale tan fría como la de las piscinas heladas de los hamman. Una vez empiezas a sentir el agua calentita y eso, todo cambia, comienzas a despertarte y piensas que te quedarías ahí todo el día si pudieras.
4. Ir al super...creo que esto es lo peor de todo. Estoy segura de que yo me lo monto mal. No puede ser que siempre vaya con prisas, que siempre tarde horas en hacerla y que siempre me deje cosas importantísimas que comprar...y que cada día me parezcan los precios más altos. Eso sí, me encanta abrir la nevera y que esté llena a rebosar. Y tener cerveza, coca colas, tomates, embutidos recién cortados y chocolate. Lo primero que se acaba en casa. He de decir que muchas veces compro por internet, lo que pasa es que no es lo mismo, mola más hacer la compra en vivo, tocar el género, parlamentar con la pescadera y disfrutar con la fauna que te encuentras en estos templos del consumo.
5. Quedar un viernes por la noche en el centro de Madrid e ir en metro. Me encanta ir al centro y me encanta quedar con amigos allí. Solo que algunos viernes me apetece mucho más quedarme en mi sofá con la mantita y un capítulo de alguna de mis series favoritas junto a mi santo (Modern family, How I met your mother?, Breaking Bad, Girls...). El viaje en metro me cuesta hora y media más o menos...luego además hay que volver cuando estás en lo mejor... porque el metro cierra y no está el patio para taxis. Cuando llego a casa me arrepiento de haber estado a punto de llamar para anular la cita, porque lo paso fenomenal y desconecto un montón.
6. Lavar el coche. Reconozco que no soy de esos frikies de la limpieza automovilística y que tengo un poco descuidado a mi pequeño gran vehículo por falta de tiempo y demás. En realidad es un tema no prioritario en mi vida. Hasta que un día empieza a darme vergüenza y me dirijo de repente al autolavado o a algún sitio donde te lo lavan a mano, que lo prefiero. Y salgo de allí tan contenta, con el coche oliendo a limpio, tan mono. Y me digo que voy a empezar a ir más a menudo a estos sitios...
7. Ir a nadar/pilates/andar. Salir del trabajo e irte a hacer deporte, o hacerlo a las 7 de la mañana, o levantarte pronto el finde para ir a la piscina. ¿Estamos locos? Debo estarlo sí, porque a pesar de ser una de las cosas que más pereza me dan, hago deporte regularmente. Eso sí, me ayuda que el pilates lo tengo debajo de casa porque si no, más de un día haría pellas. Y lo bien que una se siente al salir de la clase o de la piscina...
8. Ordenar los armarios. Aquí no necesito explicar nada más. Es una cosa muy desagradecida porque aunque nada más acabar te encanta el resultado, te frustras a las dos horas, y eso con suerte, cuando ves cómo tus hijas vuelven a desordenarlo sin ningún miramiento hacia tu persona.
9. Ir a un cumple infantil sin conocer a los padres/ madres de los otros niños. ¿Y de qué hablaremos? ¿Me caerán bien? ¿Les caeré bien? Casi mejor la dejo allí y me voy y luego vuelvo. La verdad es que tenemos muy buenos amigos por no hacer eso, por aguantar y quedarnos en los cumples de los amigos de L. A ver qué pasa con L.E. Espero que algo parecido.
10. Ir a la pelu. Pereza por tener que pasar allí toda una mañana o tarde ( como voy poco, cuando voy necesito hacerme de todo). Pereza por tener que escuchar las criticas que se hacen las compañeras entre ellas, como si tú no estuvieras delante, la que te toca a ti siempre es mejor que la que te tocó la vez anterior. Palabra de la que te ha tocado esta vez. Pereza porque a veces te dejan fatal y no sabes cómo disimularlo. Y pereza por el pastón que te dejas. Lo mejor es el sillón de masaje que tiene mi último descubrimiento en estilismo. Y empollarte las revistas del corazón. Y ese ratito de libertad...
sábado, 9 de marzo de 2013
jueves, 7 de marzo de 2013
One Woman
Mañana es el día de la mujer trabajadora. De nuevo volveré a escuchar la típica cantinela transnochada de que para qué se celebra el día de la mujer y por qué no del hombre (¿encima quieren que haya un día del hombre?), que si hoy en día esto ya no tiene sentido, que nos quejamos de vicio y bla, bla, bla.
No hace falta irse a India o Arabia Saudí o México o cualquier país de África, por nombrar sólo algunas zonas donde las mujeres lo pasan peor, para comprobar cuánto falta todavía por hacer en el tema de los derechos de la mujer en el mundo. Hay lugares en los que se hace mucho más visible que queda un largo camino por recorrer para conseguir una igualdad real de derechos y deberes (que no de otras cosas) entre féminas y varones, sitios en los que las cifras de violencia hacia la mujer son escandalosamente altas, las tasas de alfabetización femeninas son tremedamente bajas y los atropellos a la dignidad y la libertad de las mujeres son espectacularmente alarmantes.
Esos son los motivos más importantes que nos mueven a las mujeres a celebrar el día 8 de marzo. Pero no son los únicos. Aquí mismo, en nuestro querido país, existen casos de violencia machista, que es lo más grave, y además, nos encontramos con todo esto:
> Los consejos de administración de las grandes empresas sólo tienen un ínfimo porcentaje de mujeres (12,75%) entre sus honorables miembros. Pero no hay que irse a los consejos, basta mirar los organigramas de las grandes empresas para comprobar cómo hay pocas Directoras Financieras o de Logística o Directoras Generales y alguna que otra Directora de RRHH o de Marketing. Encima, leo esta mañana que el número de mujeres que ocupan puestos directivos se ha reducido a la mitad desde 2008, pasando de un 19,5% a un 10,3% en enero de 2013.
> La mayoría de reducciones de jornada las toman las mujeres (más del 90%) y muchas de ellas lo hacen a costa de renunciar a progresar en su carrera.
> Los sueldos de ellas son entre un 10 y un 20% más bajos que los de ellos.
> Nosotras tenemos que aguantar frases del tipo: "con una niña de 1 año creo que este puesto te viene grande" en las entrevistas de trabajo (experiencia propia) o "con esas faldas que traes a la oficina me despistas al personal" (experiencia cercana) y estupideces por el estilo.
> Podría seguir pero me pongo de mal humor.
Por todo ello, SÍ es necesario celebrar el día 8 de marzo, es necesario reivindicar la igualdad y dar voz a todas las mujeres no libres que al fin y al cabo somos todas, ya lo dije una vez.
Y por eso me gusta esta iniciativa de la ONU, One woman.
Se trata de una canción, que podrá escucharse mañana, en la que participan cantantes y músicos procedentes de todo el mundo, desde China a Costa Rica, desde Malí a Malasia, incluida España (Concha Buika en la foto) . Mujeres y hombres, los cuales importan mucho en este camino hacia ese mundo ideal de igualdad, que tratan de divulgar un mensaje de unidad y solidaridad: somos “One Woman”, una sola mujer.
Como dice la canción, “We shall shine!”, nos espera un futuro radiante. Desde la web One woman nos animan a unirnos a ella y yo, desde este pequeño rincón, me uno.
¡Feliz día de la mujer (trabajadora o no)!
No hace falta irse a India o Arabia Saudí o México o cualquier país de África, por nombrar sólo algunas zonas donde las mujeres lo pasan peor, para comprobar cuánto falta todavía por hacer en el tema de los derechos de la mujer en el mundo. Hay lugares en los que se hace mucho más visible que queda un largo camino por recorrer para conseguir una igualdad real de derechos y deberes (que no de otras cosas) entre féminas y varones, sitios en los que las cifras de violencia hacia la mujer son escandalosamente altas, las tasas de alfabetización femeninas son tremedamente bajas y los atropellos a la dignidad y la libertad de las mujeres son espectacularmente alarmantes.
Esos son los motivos más importantes que nos mueven a las mujeres a celebrar el día 8 de marzo. Pero no son los únicos. Aquí mismo, en nuestro querido país, existen casos de violencia machista, que es lo más grave, y además, nos encontramos con todo esto:
> Los consejos de administración de las grandes empresas sólo tienen un ínfimo porcentaje de mujeres (12,75%) entre sus honorables miembros. Pero no hay que irse a los consejos, basta mirar los organigramas de las grandes empresas para comprobar cómo hay pocas Directoras Financieras o de Logística o Directoras Generales y alguna que otra Directora de RRHH o de Marketing. Encima, leo esta mañana que el número de mujeres que ocupan puestos directivos se ha reducido a la mitad desde 2008, pasando de un 19,5% a un 10,3% en enero de 2013.
> La mayoría de reducciones de jornada las toman las mujeres (más del 90%) y muchas de ellas lo hacen a costa de renunciar a progresar en su carrera.
> Los sueldos de ellas son entre un 10 y un 20% más bajos que los de ellos.
> Nosotras tenemos que aguantar frases del tipo: "con una niña de 1 año creo que este puesto te viene grande" en las entrevistas de trabajo (experiencia propia) o "con esas faldas que traes a la oficina me despistas al personal" (experiencia cercana) y estupideces por el estilo.
> Podría seguir pero me pongo de mal humor.
Por todo ello, SÍ es necesario celebrar el día 8 de marzo, es necesario reivindicar la igualdad y dar voz a todas las mujeres no libres que al fin y al cabo somos todas, ya lo dije una vez.
Y por eso me gusta esta iniciativa de la ONU, One woman.
Se trata de una canción, que podrá escucharse mañana, en la que participan cantantes y músicos procedentes de todo el mundo, desde China a Costa Rica, desde Malí a Malasia, incluida España (Concha Buika en la foto) . Mujeres y hombres, los cuales importan mucho en este camino hacia ese mundo ideal de igualdad, que tratan de divulgar un mensaje de unidad y solidaridad: somos “One Woman”, una sola mujer.
Como dice la canción, “We shall shine!”, nos espera un futuro radiante. Desde la web One woman nos animan a unirnos a ella y yo, desde este pequeño rincón, me uno.
¡Feliz día de la mujer (trabajadora o no)!
lunes, 4 de marzo de 2013
La importancia de las apariencias
Se suponía que se tenían que ver a menudo. Se suponía. Porque realmente a ninguno de ellos le apetecía mucho ver a los demás y viceversa. Así que aprovecharon las circunstancias de la crisis, los fallos tecnológicos y el frío invierno para verse lo menos posible. Cuando parecía que ya no quedaban excusas para prolongar la ausencia de los otros en su vida, quedaron para hacerse presentes. Y se vieron. Se miraron, miraron a los niños, se volvieron a mirar y uno de ellos preguntó tímidamente "¿qué tal os va la vida?". "Bien, bien" dijeron al unísono sin dar más detalles. No hubo ni siquiera una pregunta de cortesía en sentido contrario. Un "¿Y qué tal vosotros?" quedó en el limbo de las cosas_que_nunca_se_preguntan_no_vaya_a_ser_que_me_respondan. Menos mal que los niños siempre dan tema de conversación. Menos mal que tenían la crisis (que un señor muy importante dice hoy en un periódico que durará diez años más), la Casa Real, la corrupción general o la emigración del talento español para charlar un rato sin tener que hablar de nada. Así todo quedaba como estaba. Así se evitaban esos temas tan poco elegantes, con tan poco glamour, que no es aconsejable traer a colación en escenarios tan distinguidos. Así todo seguiría pareciendo aparentemente normal. Aparentemente bien. Aparentemente aparente.
PD. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
PD. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
domingo, 3 de marzo de 2013
"Balls-Touchers"
Hace poco leí algo así como que hay muchos padres (y madres) "balls-touchers" o "eggs-touchers". Lo digo en spanglish no por pedantería, sino porque decirlo en español queda feo, lo he escrito y me ha sonado mal, a taco, y en mi casa no se pueden decir tacos a no ser que quieras arruinarte (cada vez que digamos uno, hay que echar un euro en la caja).
Leí eso y pensé, ¿realmente somos tan "toca cataplines" los que traemos hijos al mundo?.
Me vino a la mente alguna escena en el parque, de las pocas que he vivido, pues los parques no son lo mío, en la que una encantadora madre charla animadamente con su chupipandi de parque mientras su hijo vierte kilos de arena encima de la cabeza de mi hija de pelo afro. Ella a lo suyo, sin inmutarse, mientras su precioso churumbel lleno de mocos me jode la tarde y la semana (un euro para el bote, ya empezamos), pues me tiro al menos siete días intentando quitarle los dichosos granitos de su melena. Algún día hablaré de mis aventuras y desventuras con el pelo afro, da para una novela por entregas.
También me llegan otras imágenes, como la de esos niños solitarios de la piscina, solitarios respecto a sus progenitores, que están siempre ausentes, que se pasan por el forro las más elementales normas de convivencia. Si quieres conocer a sus padres invisibles no tienes más que llamarles la atención una vez, y al minuto siguiente ya les tienes ahí, defendiendo a sus cachorros cual Belén Esteban en edición especial de Sálvame.
Y rememoro con nitidez sonidos, como la de esas madres (a veces padres) que critican a otras madres por cosas como dar el pecho o por no darlo, adoptar un hijo o tenerlo de forma natural, ser madre soltera o madre por inseminación artificial, tener muchos hijos o hijos únicos, por tener jornada reducida o no tenerla, por bañar a tus hijos todos los días o día sí/día no, por llevarles a comer hamburguesas o no dejarles probar un happy meal en toda su infancia, por dejarles ver mucha tele o sólo ponerles dibujos en alemán.
Sí, está claro que nos gusta tocar las balls un rato. Ahora no me acuerdo de mí tocando nada, pero seguro que alguna vez lo he hecho, perfecta del todo no soy ;-)
Y llegados a este punto me pregunto, ¿estos tocamientos son exclusivos de los padres y madres? ¿Alguna neurona se nos atrofia en el cerebro y empezamos a comportarnos como seres insoportables para la otra parte de la humanidad, esa parte que disfruta de la vida sin ataduras ni responsabilidades infantiles? ¿O es que ser toca narices/huevos/pelotas (al final no he podido resistirme, más euros al bote) viene ya de serie y la paternidad / maternidad es algo que llega después, de forma no intrínseca ni relacionada? ¿Uno nace balls- toucher o se hace?
A mí hay una serie de balls- touchers que me llegan al alma de forma especial, y no sé, ni me importa si tienen hijos. Se me ocurren así, sin pensarlo mucho:
- Los que tocan su claxon sin mesura y sin venir a cuento, cuando encima te adelantan por la derecha o alguna payasada por el estilo.
- Los dueños de los perros que no se preocupan de recoger las cacas de sus animales.
- Los teleoperadores de cierta empresa de telefonía que me llaman siempre a la hora de la siesta en fin de semana o a la hora de la cena entre semana. Todos los días. Desde hace años.
- Los directivos de ciertos bancos, que me cobran por respirar.
- Los caraduras en general.
- Los lunes.
PD. Confieso que a veces mola ser tocapeloteas.
Leí eso y pensé, ¿realmente somos tan "toca cataplines" los que traemos hijos al mundo?.
Me vino a la mente alguna escena en el parque, de las pocas que he vivido, pues los parques no son lo mío, en la que una encantadora madre charla animadamente con su chupipandi de parque mientras su hijo vierte kilos de arena encima de la cabeza de mi hija de pelo afro. Ella a lo suyo, sin inmutarse, mientras su precioso churumbel lleno de mocos me jode la tarde y la semana (un euro para el bote, ya empezamos), pues me tiro al menos siete días intentando quitarle los dichosos granitos de su melena. Algún día hablaré de mis aventuras y desventuras con el pelo afro, da para una novela por entregas.
También me llegan otras imágenes, como la de esos niños solitarios de la piscina, solitarios respecto a sus progenitores, que están siempre ausentes, que se pasan por el forro las más elementales normas de convivencia. Si quieres conocer a sus padres invisibles no tienes más que llamarles la atención una vez, y al minuto siguiente ya les tienes ahí, defendiendo a sus cachorros cual Belén Esteban en edición especial de Sálvame.
Y rememoro con nitidez sonidos, como la de esas madres (a veces padres) que critican a otras madres por cosas como dar el pecho o por no darlo, adoptar un hijo o tenerlo de forma natural, ser madre soltera o madre por inseminación artificial, tener muchos hijos o hijos únicos, por tener jornada reducida o no tenerla, por bañar a tus hijos todos los días o día sí/día no, por llevarles a comer hamburguesas o no dejarles probar un happy meal en toda su infancia, por dejarles ver mucha tele o sólo ponerles dibujos en alemán.
Sí, está claro que nos gusta tocar las balls un rato. Ahora no me acuerdo de mí tocando nada, pero seguro que alguna vez lo he hecho, perfecta del todo no soy ;-)
Y llegados a este punto me pregunto, ¿estos tocamientos son exclusivos de los padres y madres? ¿Alguna neurona se nos atrofia en el cerebro y empezamos a comportarnos como seres insoportables para la otra parte de la humanidad, esa parte que disfruta de la vida sin ataduras ni responsabilidades infantiles? ¿O es que ser toca narices/huevos/pelotas (al final no he podido resistirme, más euros al bote) viene ya de serie y la paternidad / maternidad es algo que llega después, de forma no intrínseca ni relacionada? ¿Uno nace balls- toucher o se hace?
A mí hay una serie de balls- touchers que me llegan al alma de forma especial, y no sé, ni me importa si tienen hijos. Se me ocurren así, sin pensarlo mucho:
- Los que tocan su claxon sin mesura y sin venir a cuento, cuando encima te adelantan por la derecha o alguna payasada por el estilo.
- Los dueños de los perros que no se preocupan de recoger las cacas de sus animales.
- Los teleoperadores de cierta empresa de telefonía que me llaman siempre a la hora de la siesta en fin de semana o a la hora de la cena entre semana. Todos los días. Desde hace años.
- Los directivos de ciertos bancos, que me cobran por respirar.
- Los caraduras en general.
- Los lunes.
PD. Confieso que a veces mola ser tocapeloteas.
viernes, 22 de febrero de 2013
Reflexiones sobre el universo
"Mamá, ¿tú crees que hay vida en otros planetas?, y eso de que el universo sea infinito... realmente no lo entiendo, ¿cómo puede ser que el universo no se acabe por ningún sitio? Eso es muy raro, rarísimo, no lo puedo entender, ¿y cómo se creó el universo? Si se creó alguna vez es que tuvo un principio, luego no puede ser infinito, ¿no?. Mamá tengo muchas dudas y me temo que voy a tener que vivir con ellas para siempre".
Todo lo que hay escrito en el párrafo anterior me lo soltó ayer mi hija mayor (9 años) de corrido, casi sin respirar, cuando salimos del coche y nos dirigíamos desde el garaje a casa. Mientras trataba de buscar una respuesta científicamente coherente a su primera pregunta, ella siguió hablando sin parar como si no hubiese mañana y no me dio tiempo a reaccionar de forma adecuada, por eso creo que remató su perorata con "me temo que voy a tener que vivir con ellas". Era una frase con doble sentido, quería decir por un lado que había notado que yo no iba a responder a sus preguntas, y por otro, que quizá nadie jamás pudiera responderlas. Creo que era Calvin, de Calvin y Hobbes, quien decía aquello de que "no tiene sentido ser madre si no lo sabes todo". Me da a mí que esta niña empieza ya a darse cuenta de que no soy la mujer perfecta que ella imagina...
Un poco más tarde, mi otra peque (4 años) me trae su monedero lleno de monedas de 5, 2 y 1 céntimos y me suelta, "guan, chu, zri, for, fie, six, seven, eich, nain, ten, mamá, ¿a qué tengo muy pocas monedas? NECESITO más monedas mamá, porfaaaaaaaaaaaaa, me tienes que dar más monedas". Así que fui a mi cartera y me deshice de todas las monedas enanas que tenía. Ella se quedó tan feliz y emocionada pensando que ya tenía para su "aifon" de niños. Otra que se va a llevar una decepción muy grande cuando caiga en la cuenta que con sus muchas monedas no va a tener ni para un chupa-chups.
Aysssss, qué poco me queda para seguir siendo la mejor mamá del mundo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

