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martes, 30 de abril de 2013

El monstruo del paro

Esta vez nos ponemos serios. No hablamos de monstruos de mentirijillas que nos hacen reir. Se trata de un monstruo de los de verdad.

Hace poco le decía a mi hija pequeña que los monstruos no existen para que no tuviera miedo por la noche. "Sí mamá, hay uno ahí gigante que me mira". "No cariño, es tu oso de peluche. Duérmete tranquila porque aquí no hay monstruos. En realidad no existen".

Pero sí que existen. Vaya que sí. Uno de ellos es EL PARO, que mira de frente a 6.202.700 personas oficialmente desempleadas y a sus familias: parejas e hijos principalmente. A estas horas serán algunas más porque aumenta a un ritmo de más de cien a la hora. Más de cien a la hora, repito.

Los niños son las víctimas más vulnerables de todo este tinglado que hemos montado los mayores. Me refiero al tinglado de las crisis. Tanto que en muchos colegios se han dado cuenta de que los niños llegan más hambrientos al cole los lunes y que, a veces, la única comida que se llevan a la boca es la que toman allí. En Andalucía quieren que los niños coman tres veces al día por decreto. Y unos cuántos imbéciles critican la medida. ¿Qué nos ha pasado? ¿Qué le pasa a esta España del primer mundo que se codea en Europa con la crême de la crême y que hasta hace unos pocos años era modelo de crecimiento económico y desarrollo?

Según muchos, todos somos responsables de la hecatombe esta a la que llaman crisis. Porque se nos ocurrió un día que eramos ricos y que podíamos tenerlo todo. Y nos dió por pedir hipotecas imposibles y créditos para comprarnos cochazos y viajes al Caribe. Qué malos que somos todos. Eso nos pasa por avariciosos e inconscientes. Si hubiéramos sido mejores, los bancos no se hubieran visto obligados a prestarnos tanto dinero que ahora no les podemos devolver. Si es que, ya nos vale. Todo es culpa nuestra. Que ahora nos estén recortando la salud, el futuro y el presente se debe únicamente a nuestras ansias de ser como la Hilton esa del perrito en el bolso. Ya lo decía mi madre: "naciste para rica y se te torció el carro".

Mientras tanto, unos cuantos señores poderosos se dedicaron a robar descaradamente todo el dinero público que, religiosamente, los españolitos trabajadores pagábamos con nuestros impuestos. O a gastarlo como si no hubiera mañana. Un dinero que directamente nos quitaron de esa nómina que tanto nos cuesta cobrar a fin de mes. Esos que hablan ahora de austeridades y perseverancias sin que se les caiga la cara de vergüenza. Y que ayer hablaban de brotes verdes. Me da igual del color que sean, los políticos, no los brotes. Ahora son los que son y antes eran los que eran y el resultado es el mismo. Crisis, pobreza y ruina.

Mañana es el día del trabajo y festivo. Sin embargo, para muchos será un día más como el de hoy o el de ayer. Un día sin empleo. Con suerte con un subsidio de desempleo o unos padres con posibles para echar una mano y unas lentejas más en la olla. Con mala suerte sin nada y con hipoteca a 30 años.

En los últimos meses he visto cómo despedían a muchos compañeros. Siempre con tristeza y un punto de desasosiego. Y ahora, ¿qué van a hacer? . Intentas animarles y decirles cosas positivas como "ahora vas a tener tiempo para pensar en lo que realmente quieres hacer, para estudiar idiomas, para relajarte un poco". Pero por dentro piensas, ¿y si no encuentran nada más? ¿y si pasan los años y nada de nada? El monstruo  me mira de reojo y creo que dice algo así como que la siguiente puedo ser yo. En idioma de monstruo, no le entiendo bien.

Encima, dicen que esto va a peor y que hasta 2015 no empezará a cambiar el panorama. Me vas a permitir que lo dude. Que dude de que iremos a mejor. Si no se hace nada para que las cosas cambien, las cosas seguirán siendo iguales.

Desde mi ignorancia e inocencia de mujer de pueblo digo yo que:

Si suprimen todos esos consejeros de políticos y politicuchos, que se creen senadores de Estados Unidos por lo menos, y los 1.000 millones anuales que dicen que nos cuestan se utilizaran en fomentar politicas de empleo, en impulsar la investigación y la ciencia, en crear un nuevo tejido empresarial basado en la tecnología y el conocimiento especializado, del que aquí tenemos un montón, podría ser que las cosas nos fueran mejor, ¿no? Eso por poner un ejemplo. Incluso fíjate si, en lugar de recortar en educación, se invirtiese el doble de lo que se hace ahora o mejor, que se hacía antes de la crisis (quitando presupuesto de Defensa un suponer), lo mismo en 10-15 años volvíamos a ser un país de primera línea. Ah, no ,calla, que para eso queda mucho y los políticos sólo gobiernan 4 años de nada.

Qué ilusa

(Definición de ilusa de la RAE. Del lat. illūsus. 2. Propenso a ilusionarse, soñador)

Este post ha sido escrito dentro de la iniciativa de Marea Fucsia con el hagstag #MFtrabajo.

domingo, 3 de marzo de 2013

"Balls-Touchers"

Hace poco leí algo así como que hay muchos padres (y madres) "balls-touchers" o "eggs-touchers". Lo digo en spanglish no por pedantería, sino porque decirlo en español queda feo, lo he escrito y me ha sonado mal, a taco, y en mi casa no se pueden decir tacos a no ser que quieras arruinarte (cada vez que digamos uno, hay que echar un euro en la caja).

Leí eso y pensé, ¿realmente somos tan "toca cataplines" los que traemos hijos al mundo?.

Me vino a la mente alguna escena en el parque, de las pocas que he vivido, pues los parques no son lo mío, en la que una encantadora madre charla animadamente con su chupipandi de parque mientras su hijo vierte kilos de arena encima de la cabeza de mi hija de pelo afro. Ella a lo suyo, sin inmutarse, mientras su precioso churumbel lleno de mocos me jode la tarde y la semana (un euro para el bote, ya empezamos), pues me tiro al menos siete días intentando quitarle los dichosos granitos de su melena. Algún día hablaré de mis aventuras y desventuras con el pelo afro, da para una novela por entregas.

También me llegan otras imágenes, como la de esos niños solitarios de la piscina, solitarios respecto a sus progenitores, que están siempre ausentes, que se pasan por el forro las más elementales normas de convivencia. Si quieres conocer a sus padres invisibles no tienes más que llamarles la atención una vez, y al minuto siguiente ya les tienes ahí, defendiendo a sus cachorros cual Belén Esteban en edición especial de Sálvame.

Y rememoro con nitidez sonidos, como la de esas madres (a veces padres) que critican a otras madres por cosas como dar el pecho o por no darlo, adoptar un hijo o tenerlo de forma natural, ser madre soltera o madre por inseminación artificial, tener muchos hijos o hijos únicos, por tener jornada reducida o no tenerla, por bañar a tus hijos todos los días o día sí/día no, por llevarles a comer hamburguesas o no dejarles probar un happy meal en toda su infancia, por dejarles ver mucha tele o sólo ponerles dibujos en alemán.

Sí, está claro que nos gusta tocar las balls un rato. Ahora no me acuerdo de mí tocando nada, pero seguro que alguna vez lo he hecho, perfecta del todo no soy ;-)

Y llegados a este punto me pregunto, ¿estos tocamientos son exclusivos de los padres y madres? ¿Alguna neurona se nos atrofia en el cerebro y empezamos a comportarnos como seres insoportables para la otra parte de la humanidad, esa parte que disfruta de la vida sin ataduras ni responsabilidades infantiles? ¿O es que ser toca narices/huevos/pelotas (al final no he podido resistirme, más euros al bote) viene ya de serie y la paternidad / maternidad es algo que llega después, de forma no intrínseca ni relacionada? ¿Uno nace balls- toucher o se hace?

A mí hay una serie de balls- touchers que me llegan al alma de forma especial, y no sé, ni me importa si tienen hijos. Se me ocurren así, sin pensarlo mucho:

- Los que tocan su claxon sin mesura y sin venir a cuento, cuando encima te adelantan por la derecha o alguna payasada por el estilo.
- Los dueños de los perros que no se preocupan de recoger las cacas de sus animales.
- Los teleoperadores de cierta empresa de telefonía que me llaman siempre a la hora de la siesta en fin de semana o a la hora de la cena entre semana. Todos los días. Desde hace años.
- Los directivos de ciertos bancos, que me cobran por respirar.
- Los caraduras en general.
- Los lunes.



PD. Confieso que a veces mola ser tocapeloteas.