Sabrás, si me lees de vez en cuando, que tengo una hija pre-adolescente. Y otra que, si bien sigue siendo muy pequeña, es un poco locatis. Ambas cosas me hacen tener pesadillas sobre futuros peligros en forma de pastillas de nombres imposibles, borracheras que se van de madre, olor a maría en la ropa y cosas mucho peores que ni me atrevo a enumerar.
Hasta ahora, todos mis recursos para evitar que cualquiera de estas pesadillas se convierta en realidad se resumen en dos puntos:
1/ Mi hija mayor es muy responsable y no creo que ella caiga nunca jamás.
2/ Mi hija pequeña es muy pequeña.
Mientras lo escribo, yo misma me doy cuenta de lo estúpido que suena.
Espera un momento... que me voy a hablar del tema con las dos y ahora vuelvo.
"Mamá, ¿y por qué si la droga es tan mala hay gente que la vende?", dice la mayor después de afirmar: " no necesito ninguna charla sobre drogas porque sé que nunca jamás en mi vida las voy a probar".
¿Qué os dije? ;-)
Entonces le cuento a la mayor, mientras la peque escucha detrás de la puerta del baño, como quien no quiere la cosa, que las drogas tienen dos cosas que las caracterizan por encima de todo:
1/ Enganchan, "¿enganchan?", sí, eso quiere decir que llega un momento en que necesitas tomar de esa droga para seguir viviendo. "Entonces, si no las tomas, ¿te mueres?", bueno, no exactamente, te mueres antes si las sigues tomando, pero la persona que se está drogando cree que si no las toma se muere, siente como si se muere, es una necesidad muy fuerte, y es capaz de hacer muchas cosas malas para conseguir su dosis diaria. Más si se trata de drogas duras, como la cocaína, por ejemplo, menos si se trata de drogas blandas como el tabaco, que mata más lentamente o el alcohol. Éste último además, si te emborrachas, te hace vomitar o hacer muchas idioteces, y al día siguiente te sientes horrible por la resaca.
"Mamá, no lo entiendo, ¿por qué si son tan malas la gente las prueba?"
Precisamente esto enlaza con la segunda característica:
2/ Producen sensaciones agradables, aunque falsas, que a la gente le gustan. Te hacen sentir más alegre, más fuerte, más poderoso, más atractivo, más simpático, más cualquir cosa. Otras te hacen sentir cosas extrañas, como vivir dentro de una película de ciencia ficción, o como que puedes volar y cosas así. El tabaco, por ejemplo, que no es una droga dura, te hace sentir mayor cuando eres un niño. Una cosa bastante estupida por otra parte.
"¿Y no se puede probar una vez y después nunca más?" Aquí trago saliva a la vez que mastico las palabras que salían de mi cerebro y que al final, se quedan sin salir de la boca: "nooooooooooo, no se puede bajo ningún concepto, está prohibido terminantemente, si las pruebas se te saldrán los ojos de las órbitas y se te pondrá el pelo verde vómito". En lugar de eso digo lo siguiente:
Se puede, pero es mejor no tentar a la suerte, si te gusta mucho y repites corres el riesgo de volverte adicto y eso es lo peor que puede pasarte porque dejas de ser tú y te conviertes en otra cosa. Ya no puedes hacer todo aquello que te gusta hacer porque toda tu vida es la droga, y empiezas a volverte tarumba, la cabeza no te funciona bien y el resto del cuerpo también se ve afectado. Eres capaz de robar, engañar, matar incluso.
La otra sale del baño en ese momento y pregunta, "¿pero mamá, qué es las drogas?". Las drogas son muy malas hija, como el tabaco. "No voy a fumar nunca". "Mamá, no bebas más vino, que también es drogas que te he oído". Lo que bebo es cerveza en realidad. Y el alcohol, si es a poquitas dosis, y lo tomas cuando ya eres mayor, no es malo, al menos el vino y la cerveza, o al menos no tan malo como el resto de drogas, que no habría que probar nunca, porque todo lo que puedes perder si te enganchas no compensa nunca lo que puedas ganar.
Lo siento, he tenido que dejar para otro día los valores terapéuticos de la marihuana. Creo que con la información que ya tienen en sus cabecitas es suficiente por hoy.
Sin proponerlo, al final he tenido mi primera charla seria sobre drogas y espero que no sea la última. Es lo que más pánico me da de todo lo que se me avecina. Y la mejor forma de vencer el miedo es mirándole de cara.
