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miércoles, 15 de mayo de 2013
Mis primeras caligrafías
Estoy muy orgullosa de haber vencido a la pereza por fin y haber dedicado esta mañana de fiesta madrileña a practicar caligrafía.
No sólo siento que amortizo los 40 euros del curso que hice en Cincela, material incluido, y los 24 del libro que me regalé el 23 de abril. Además, y esto es lo mejor, he conseguido por fin rellenar uno de los marcos de fotos colgados en el árbol de las palabras del hall de mi casa.
No te imagines que vivo en un palacio, aunque conviva con dos princesas y mi príncipe azul. El árbol está pintado en la pared por marío, tras aquel día que tuve una de mis ideas geniales y se me apareció en la mente un árbol del que colgaban palabras, poemas para ser más exactos.
Me pareció una idea chupendilerendi y lo hubiera sido de no ser porque me está costando tanto llevarla a la práctica como a la Unión Europea alcanzar la verdadera unidad.
El árbol se pintó relativamente pronto, sólo unas semanas después de la visita al Aki bricolaje para comprar la materia prima. Después de eso, como no encontraba los marcos adecuados, el pobre estuvo ahí, desnudo, solo y aburrido, durante meses. Una mañana primaveral paseaba yo por el barrio de Salamanca y vi que liquidaban una tienda de muebles rústicos. Y allá que en un ataque consumista sin precedentes me hice con seis estupendos marcos la mar de bonicos. Ahí se quedaron ellos en su embalaje, acaparando pelusas sin control, en un rincón de mi cuarto. Hasta que otro día tonto de esos me dio por colgarlos, sin nada dentro, rollo minimal.
Una vez colgué una foto, ¿foto, no era un árbol de palabras?, sí, bueno, verás, es que las imágenes valen como mil y esta era muy chula porque salíamos las nenas y yo muy reguapas. Unos meses después añadí uno de mis poemas. A los dos años cambié ese poema por otro que no es mío, en inglés, que una amiga que lee este blog me envió hace unos meses como una premonición de lo que vendría después. Y como colofón puse un dibujo que mi gran amiga y artista Cristina me regaló antes de marcharse unos meses de España.
Bien, sólo quedaban dos marcos vacíos. Se me ocurrió aprovechar mi amor por la caligrafía para escribir con buena letra alguno de mis poemas. Como aún no tengo práctica suficiente, he empezado con cinco palabras, las favoritas de cada uno de los miembros de la familia. Yo he incluido dos, por eso de que la obra es mía, y porque quedaba mejor para la composición.
He de decir que está llena de fallos. ¿Qué quieres? Es mi primera vez. Pero como cada día tengo menos vergüenza he pensado en compartirlo en el blog. Prometo rellenar el marco que falta con una verdadera obra de arte. De aquí a 2020, por lo menos.
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