miércoles, 20 de abril de 2016

¿De verdad hay necesidad de tantos deberes?


Mi hija ha tenido más de 30 exámenes desde que empezó el curso. Incluyendo valores éticos, educación física y arte.

Ha leído unos 8 libros obligatorios para clase, aparte de los libros de texto.

Ha hecho varios trabajos en diferentes asignaturas. Algunos en grupo.

Ha estudiado los romanos y las guerras púnicas, las ecuaciones de varias incógnitas, cientos de palabras nuevas en inglés, los ecosistemas, las células y varios procesos vitales. Le français aussi.

La miro y me veo a mi cuando estudiaba en el instituto, incluso me atrevería a decir que cuando iba a tercero de BUP.

Ella tiene doce años y estudia primero de la ESO.

A veces llora porque tiene mucho estrés. Otras veces se queja de que no puede leer los libros que en realidad le gustan por falta de tiempo. Ni hacer sus manualidades, que le encantan. O dibujar, lo que para ella es muy importante. O jugar, pues aún juega, le sigue gustando hacerlo, incluso con las cosas con las que jugaba hace varios años. 

No sé qué opinas, pero a mí me duele verla así. Creo que es un sinsentido. Que les están exigiendo un nivel de trabajo muy por encima de lo aconsejable para su edad. Que si siguen por ese camino, ¿que pasará en bachillerato? Los que lleguen y sigan queriendo estudiar, porque esa es otra. Querer seguir estudiando cuando llevas un ritmo descomunal durante cuatro años, sin tiempo más que para ir al instituto y volcarse en los libros... de texto. Creo que la nueva ley LOMCE no va a conseguir reducir el fracaso escolar, más al contrario, porque aumentará la desmotivación y las renuncias de muchos niños. Ojalá me equivoque. 

Y en esas andaba yo, que le comenté al jefe de estudios mi preocupación por mi hija y le comenté que quería que se quedara en casa la semana que sus compis se iban a esquiar, pues mi niña no fue por motivos que no vienen al caso. "Mire, que he pensado que mejor se queda en casa descansando (y dibujando, por ejemplo)". 

Pues mire usted - me dijo el amable jefe de estudios y profe de mates-, es que por ley no puede, aunque como madre, puede elegir lo que prefiera.

Como si una madre fuera realmente libre para decidir. Si a ti te dicen: su hija puede no venir a clase, no hay problema, pero sus notas pueden verse perjudicadas, ¿tú qué haces, como madre? Elijas lo que elijas, la decisión no es fácil, ni diría que libre, pues se ve condicionada por la NORMA.

Total que aproveché la ocasión para comunicarle mi opinión acerca del exceso de trabajo que llevaban los niños este curso. Que son 11 profesores, y cada uno de ellos manda multitud de tareas y que la niña estaba estresada y cansada, y todo eso que he comentado antes. Que por favor lo tuvieran en cuenta de cara al futuro.

Me pidió todo esto por escrito, para tratarlo en el consejo, con la firma de más padres y madres a ser posible. Para que no fuera una opinión personal mía, lo cual me parece muy lógico.

Allá que me fui al grupo de wasap del instituto a exponer los hechos y a pedir apoyo. Y me quedé bastante sorprendida de que muy pocos estuvieron de acuerdo conmigo. Algunos opinaban que no tenían tantos deberes, otros muchos no dijeron nada y también hubo quienes, estando de acuerdo en un principio, prefirieron no aparecer con su nombre en el escrito.

Mientras, leía en las noticias que los niños españoles se sienten presionados por los deberes según la OMS. Y que según la OCDE los niños de 15 años en España dedican una media de 6,5 horas semanales a los deberes frente a las 4,8 del resto de países industrializados. Mi hija dedica más de 10 horas por semana, si contamos como deberes también los trabajos de clase, los libros obligatorios y los ejercicios y estudios.

A pesar del escaso apoyo recibido por este grupo de padres y madres, sólo nueve personas de un total de más de 80 alumnos en tres grupos, envié la carta.

Fue antes de Semana Santa. Y justo hace una semana mi hija me comentó que todos los profes han empezado a preguntarles si sienten que tienen muchos deberes, a lo que la mayoría, siempre según la versión de mi hija, han respondido que sí. Además han empezado a escribir en la pizarra la lista de tareas del día, de manera que pueden ver qué carga de trabajo tienen y pueden equilibrar un poco las cosas. Esto fue una sugerencia incluída en mi carta, a propuesta de una madre del grupo de wasap.

Son pequeños pasos muy positivos que me hacen ser optimista ante el futuro por dos motivos: porque parece que los profesores se han dado cuenta de esta realidad y tratan de mejorarla y porque una vez más se demuestra que el decir las cosas, el expresar las opiniones de forma respetuosa, el alzar la voz, tiene resultados. Y todo ello, finalmente, va a repercutir de forma beneficiosa en los niños, que es lo que realmente todos queremos.

Sin embargo, más allá de todo esto, del tema deberes sí, deberes no, está el hecho de que el sistema educativo en sí mismo no es el mejor. El objetivo es conseguir niños con notas excelentes en ciertas materias, en perjuicio de otras, para alcanzar buenos resultados en los informes PISA. Intentando cumplir unos programas plagados de contenidos que obligan a ir a toda velocidad, dejando para casa tareas que no da tiempo a terminar en clase. Y dejando por el camino a muchos niños que no entran dentro de lo que el sistema considera "estandar", si es que un niño puede ser considerado "estandar".

Somos muchos los que creemos que las cosas pueden (y deben) hacerse mejor. Más allá del partido de turno, empeñado en salvar la educación con una nueva ley que acaba por ser peor que su predecesora.

Ayer llegó a mis ojos este vídeo de más abajo que circula por internet, en el que algunos famosos ponen voz a esa necesidad de cambio. Un cambio hecho en conjunto por profesores, padres, madres y alumnos. Un giro que tenga en cuenta todo lo que debería tenerse en cuenta para conseguir una educación de calidad, para ayudar a formar a las nuevas generaciones. Nuevas generaciones preparadas para hacer de este mundo un mundo mejor. ¿Utopía? Posiblemente. Nadie dijo que fuera fácil.

No dejéis de leer tampoco este post de mi amiga Noni Medina, donde expresa muy bien ese cambio posible y necesario.




Yo quiero ese cambio y creo en el cambio. ¿Y tú?





lunes, 21 de marzo de 2016

Hay, sin embargo, días (Día Mundial de la Poesía)

Hoy es el Día Mundial de la Poesía y por ello quiero publicar este poema que escribí para un consurso de poesía al que me presenté y no gané :)

Hay días que quiero romperme
Sentir cómo me convierto en pedacitos
Que vuelan y salen de mí hacia otros
Dispersos en la finitud de mi mundo

Posarme en los muebles y en el vino
Sobre los rayos empolvados que traen las ventanas
Encima de las sonrisas forzadas
Donde el tiempo quiso pararse a mirarme un rato

Y aunque rota, viva
Ser capaz de mantener el pensamiento intacto
Mientras por fin me libero del cuerpo y los espejos
De los años, de los kilos, de las formas, de los ruidos


Flotar en miles de partículas inciertas 
Que son más verdad de lo que nunca fue la muerte
Olvidar mi rostro y la terca angustia que me pierde

Sentirme en paz
Tranquila, lejos de los muros que me atrapan
De mi feminidad, de la de otras
De los ojos de ellos, de las palabras de todos

Hay días que quiero chillarme
Decirme a la cara lo que pienso
Lo que no me atrevo a decir ni para dentro
Palabras que parecen no estar
Mientras con todas sus letras me van comiendo

Ponerme los puntos y las comas
Arrancarme los pretéritos imperfectos que me adornan
Recitarme los versos que se esconden cobardes
En las manos, en las ingles, en los huesos, en la boca

Mirarme a los ojos mientras clamo
A voz en grito lo que mi mente escupe
Lo que no quiero oír ni necesito
Para sobrevivir en este teatro loco




Hay días que quiero encerrarme y tirar la llave
Hacer como que nunca estuve
Eliminar las pruebas
Mi nombre, los de ellos
Mis cosas, los recuerdos

Hay, sí, esos otros días
Que medio quebrada consigo parecer como los otras
Con sus frases coherentes
Su buena educación
Su hacer lo correcto
Su rutina de besos de madre e informes al management

Disfrazada de esa que no eres 
Detrás de lo previsible
Sin romperte, sin hacerte añicos, 
Mientras por dentro las rajas empiezan a extenderse 
Inaudibles, inconscientes, impasibles

Hay, sin embargo, otros días en los que me miro a los ojos
A ver quién aguanta más
Y salgo ganando
Me sonrío, me acuno, me abrazo
Empiezo a caminar
Con la cabeza alta
Pisando la mierda que me retuerce el alma
Poniendo luz en lo turbio
Velando lo que falsamente encandila


Parece que nada debo, que nadie me reclama 


Parece que la vida se torna fácil y mis pasos van a mi encuentro
Como en ese cuento que mamá se olvidó de contar.





sábado, 5 de marzo de 2016

Mira el lado positivo

Hace unos meses, en uno de mis viajes de vuelta a casa desde la oficina, me encontré de repente en un atasco inesperado. Un camión en prácticas era la causa. Y la cosa no mejoró cuando una grúa de pequeñas dimensiones se sumó a la caravana. No tenía una especial prisa. Sin embargo, el hecho de tener que ir a veinte por hora me hizo ponerme nerviosa. Noté mi corazón acelerado, empecé a resoplar y se me escapó algún que otro insulto en voz alta, desde el anonimato que mi coche me proporcionaba.

Tardé el doble de tiempo en llegar a casa. Eso, aparte de estar a punto de provocarme un ataque de ansiedad, me permitió lo siguiente:

1. Escuchar en la radio información sobre un curso de escritura creativa gratuito que iba a comenzar en breve cerca de mi casa. Era algo que llevaba tiempo queriendo hacer, así que en cuanto aparqué, lo busqué en el móvil, rellené un pequeño formulario (sí, con mucha dificultad) y empecé a ir a las clases hace unas semanas.

2. Parar en el paso de peatones y dejar cruzar a una chica que era clavada a una antigua compañera de estudios. La típica persona con la que te llevabas muy bien y con la que perdiste el contacto por esas cosas de la vida. Eso me hizo aceptar la invitación a una cena de antiguos alumnos del instituto que me llegó por Facebook a los pocos días. Aún no sé si esto es bueno o malo. Lo contaré cuando vuelva de la cena.

3. Descubrir que han abierto un nuevo restaurante en mi barrio.

4. Recibir una de esas llamadas de spam de un comercial de seguros y tener que colgar porque estaba conduciendo y necesito toda la concentración del mundo al conducir.

Lo que a priori parecía una contrariedad, el atasco, se convirtió en algo positivo. Y sin tener que hacer el esfuerzo de “tomármelo” como algo positivo. Que es precisamente lo que más cuesta cuando estás enfrascado en un momento negativo cien por cien. Porque entre tú y yo, ¿no te sienta como un pinchazo en el cuello cuando alguien te suelta eso de “mira el lado positivo”? Porque vamos a ver, esta frase ya se usa para todo. Da igual que estés contando que se te ha roto la plancha o que te has descubierto un bulto sospechoso.

¡¿Cómo que mire el lado positivo?!


Que sí, estamos de acuerdo en que no se puede ir por la vida con cara de limón pocho y soltando exabruptos sobre cualquier cosa a la primera de cambio. Pero de ahí al rollo positivismo por encima de todo va un abismo.

La queja y la lamentación están de capa caída en esta sociedad. A no ser que uses Twitter para decirle a una de esas operadoras móviles que te han timado con la factura. O Facebook para gritar que los lunes son una mierda.

Hay que estar felices. Ser felices. Con nuestros cuerpos, trabajos, familia, casa, amigos, salud, cuenta bancaria. Hay que ser positivos. Con todo lo que nos pase. Ya sea que nos despidan del curro o que nos pisemos una caca de perro en la calle. Y si queremos llorar o quejarnos, tenemos que hacerlo de puertas adentro, a ser posible sólo un rato por la noche y, si es en privado escribiendo todo en una libreta de papel, mejor que mejor. Te sirve de desahogo y no molestas a nadie con tus malos rollos.
Una buena opción es llorar en los atascos, nadie te ve, a excepción del coche de delante, al que tú no ves, con lo cual ¿a quién le importa? O en la ducha, para evitarte la rojez esa horrible de la nariz y los ojos.

Reír en cambio lo puedes hacer en cualquier parte, a todas horas, porque a todo el mundo le agrada. Puedes ir riendo sólo por la calle, que ya no te toman por loco como antaño. Más que poder, debes reír a todas horas. La risa, la sonrisa y la carcajada mueven no sé cuantos músculos de la cara a la vez, y eso es bueno. No recuerdo bien para qué es bueno, el caso es que lo es porque lo leí en alguna parte. 

Sonríe al despertar cada día y agradece al universo todo lo que te ha dado. Sonríe a tu familia en el desayuno aunque ellos te respondan con una mueca y un ojo medio cerrado. Sonríe a tus vecinos en el ascensor, aunque vayan fumando. Sonríe al dar los buenos días en la oficina, aunque algunos hagan como que no te ven para no saludar. Ríe sin parar mientras trabajas para estimular las hormonas de la felicidad y atraer las buenas energías. Envía el emoticono de la “risa hasta las lágrimas” a todos tus grupos, al menos una vez a lo largo del día. Mejor si pones muchos seguidos. Sonríe en el super, no sólo a la cajera o cajero sino a todo el que te encuentres por los pasillos, como si el super fuera tu pueblo. Ríe mucho con tus hijos mientras haces los deberes a la vez que pones la lavadora y le echas una sonrisa a tu perro. Y tras la cena, friega los platos con alegría. Por último, no te vayas a la cama sin haber visto algún programa o serie de humor en la tele o haber leído algún post tontorrón, como éste, que te haga olvidar los momentos amargos de la vida.

La vida son dos días y uno lo pasamos durmiendo no, ¿o era medio? Que no me entere yo que desperdicias otro medio con cosas negativas que no llevan a ninguna parte.

lunes, 15 de febrero de 2016

¿Por qué has adoptado si podías tener hijos biológicos?

Red Thread Legend Series, Beili Liu

Hace unos días encontré en mi muro de Facebook una pregunta lanzada al aire por una madre de dos niños que llegaron a su vida mediante la adopción.

La pregunta iba a destinada a las personas que, como es mi caso, tenemos hijos mediante la adopción y, además, mediante la biología.

¿Cuáles son las motivaciones, planteaba ella, para elegir las dos vías a la vez? 

Comentaba que su motivación para adoptar, en lugar de elegir la vía biológica, era principalmente el evitar traer nuevos niños al mundo cuando ya existen otros muchos que necesitan una familia. Por ello, le parecían vías contradictorias. 

Yo soy madre. Y lo soy por los dos caminos, el adoptivo y el biológico.

Mi concepto de formar una familia ha ido variando a lo largo de los años. Desde cuando jugaba a las Nancys con mis amigas y tenía una cuqui parejita de bebés blancos. Pasando por la etapa en la que renegaba de esos mocosos locos bajitos, sin olvidar cuando decía que yo iba a ser madre a toda costa, con o sin pareja. Hasta llegar a mi preciosa familia actual. Hubo un época que hasta quise ser madre de familia numerosa. Cielo santo.

Ser una madre como yo suscita muchos interrogantes en la sociedad. Y lo entiendo. Si yo misma me paso la vida cuestionándome todo, cómo no iba el resto del mundo a hacer lo mismo. 

La mayoría de esta gente que se pregunta cosas sobre mi familia, no ha llegado nunca a decírmelo abiertamente. Gente que nos ve por la calle o en los restaurantes, familias del cole, amigos de amigos que nos encontramos una primera (y única) vez, familiares lejanos. 

Otros, los menos, sí que lo han hecho. Gente que, como los de arriba, nos ve por la calle, amigos de amigos que no nos han visto nunca, familiares cercanos y lejanos, peluqueras, profesores, estudiantes, solteros, casados, con hijos y sin ellos, niños de cinco años y ya no recuerdo quién... La curiosidad no conoce fronteras. 

Estas son más o menos las formas de plantear sus dudas:

Preguntas a bocajarro y sin mucho tacto (*):


¿Por qué has adoptado si podías tener hijos tuyos?

Y si podías tener hijos propios, ¿por qué elegiste la adopción?

¿Es que ya no pudiste tener más hijos por ti misma que tuviste que adoptar?

(*) Respuestas posibles al final del post.

Preguntas prudentes y educadas


¿Qué te llevó a pensar en la adopción? 

¿Era algo que ya pensabas de antes de ser madre por primera vez?

Preguntas infantiles


¿Por qué tienes una hija blanca y otra negra? 

Preguntas de certificado de idoneidad


¿Por qué queréis adoptar teniendo ya una hija biológica?

Todas estas preguntas no son cómodas. Ni siquiera si te las hace alguien de mucha confianza. Siempre te quedas con la sensación de que esa persona va a juzgarte, digas lo que digas. Te sientes obligado a responder, a dar unas explicaciones que no tienes por qué dar, o simplemente no te apetece dar en absoluto.

Y en ese sentirte obligado, sumado a que no quieres entrar en muchos detalles de tu vida, acabas diciendo algo que en realidad no es la respuesta que quisieras dar y que no llega a transmitir la complejidad del asunto. 

"La vida es más compleja que el eslogan de una pegatina" (Zootrópolis). 

Conozco familias monomarentales de madres biológicas y también de madres adoptivas. No conozco a ningún padre en solitario, aunque me consta que los hay. Conozco familias que sólo tienen hijos biológicos (la mayoría) y otras que sólo tienen hijos adoptados. Conozco familias sin hijos y sin perro. Otras sin hijos y con perro. Y finalmente conozco familias como la mía. Con hijos bio y de adopción (y perro, sí, también perro, y para más inri, no adoptado). 

Dentro de cada una de ellas, a su vez puede haber más intrígulis por tratarse de segundos matrimonios o arrejuntamientos. O terceros. O también si la pareja, cuando la hay, es de personas del mismo sexo.

El paisaje familiar es variopinto. Y voy más allá, las motivaciones de cada uno para decidir adoptar y/o tener hijos mediante la inseminación, natural o no, también pueden ser muy distintas.

Lo que tengo claro es que la gran mayoría de estos padres y madres del mundo, los que voluntariamente decidieron serlo, dirían que quisieron entrar en este grandioso viaje  de la maternidad y paternidad porque deseaban con todas sus fuerzas tener un hijo. Da igual si ese hijo salió de la tripa de su madre actual o de otra madre anterior que no pudo/supo/quiso hacerse cargo de ese hijo. 

La principal motivación es tener un hijo. Criarlo, quererlo, protegerlo. Con todo lo que eso conlleva.

Y esa ha sido, desde luego, mi principal motivación para ser madre. 

Después vienen los matices.

Muchas parejas llegan a la adopción como su última vía para ser padres. Cuando la vía natural no puede llevarse a cabo debido a infertilidad, esterilidad, enfermedad. Y me parece perfecto. Siempre y cuando sean capaces de comprender que la adopción no les hace padres o madres de segunda. Lo otro no sería perfecto, no porque a mí no me lo parezca, sino por lo que tiene de sufrimiento para ellos y para ese niño que será adoptado.

Otras parejas, como la que inspiró la redacción de este post, deciden ir directamente a adoptar porque consideran que es la mejor opción posible, dado que el mundo está lleno de niños desamparados. Y me parece también perfecto. Siempre que no consideren que tener hijos biológicos es un acto menos generoso que el tener hijos mediante la adopción.

Después tenemos a las personas que en soledad quieren tener un hijo, mayoría mujeres, y que adoptan porque prefieren esta vía a la de vivir un embarazo en soledad y/o sin saber nada del padre o por temas religiosos, o simplemente por los mismos motivos que en el caso anterior: mejor dar una familia a un niño que ya está en el mundo, que dar vida a otro niño más. Igual de respetable.

Luego tenemos a todos los que deciden que sólo serán madres y padres de niños biológicos, porque necesitan que el hijo tenga sus genes, porque necesitan vivir esa experiencia, porque es lo que han aprendido, porque es lo natural y lo más habitual y lo que lleva pasando toda la vida. Fenómeno. Siempre y cuando no nos miren a los que adoptamos como padres/madres de hijos que no son "propios". 

¿Creerá alguien que tus hijos son "tuyos" y te son "propios" por tener tu color de pelo?

Y luego estamos los demás. Los que hacemos las dos cosas a la vez. 

Quedarme embarazada implicaba experimentar en carne propia el milagro de la vida. El privilegio que los dioses decidieron conceder a la mujer en exclusiva. 

(Muchos años después me pregunto si esos dioses no concedieron aquel privilegio pensando en que sería un regalo o en que sería un castigo)

También era parte de la historia con mi pareja. Nos queremos, ergo tengamos un hijo resultado de ese quererse.

Por entonces necesitaba gestar un hijo y necesitaba parirlo.


Con el tiempo las cosas cambiaron. La adopción como opción para tener otro hijo, que rondaba por mi cabeza desde hacía tiempo, empezó poco a poco a tomar fuerza para pasar, poco después, a ocupar todos mis sentidos. 

Adoptar significaba dar una familia a un niño que no la tenía, un niño huérfano, creía yo al principio. Una de las muchas ideas preconcebidas sobre la adopción que en mi ignorancia de novata tenía. Una idea muy atractiva para alguien en busca de hacer algo bueno en el mundo, más allá de pagar la cuota anual de una ONG.

Dicen que no se debe tomar la adopción como una acción solidaria. Y yo estoy totalmente de acuerdo ahora. La adopción es otra cosa. No me gusta que la gente crea que soy buena persona por haber adoptado, ni que mi hija es un acto de solidaridad. No soy mejor persona que otras muchas personas que no han adoptado ni adoptarían jamás. No fui a por mi hija a Etiopía para colgarme la medalla de mejor persona del año. Simplemente quise ser madre de una niña que no tenía una familia que la protegiera, cuidara, quisiera y criara. 

Sin esperar a cambio nada más y nada menos que el privilegio de ser su madre y que ella sea mi hija. 

Y no, no es que no pudiera gestar más hijos. Es que ni siquiera lo intenté.

Cuando mi segunda hija llegó, sentí que mi familia estaba completa.

Hay montones de modelos de familia, todos igual de válidos, buenos, respetables.

Yo estoy encantada con la mía y muy agradecida.

Con mi hijas, nuestras hijas, que en realidad no son mías, ni nuestras, porque no nos pertenecen, ni son propiedad de nadie.







(*)Respuestas posibles a las preguntas indiscretas:


A/Pues mira verás, es que mi marido y yo dormimos en habitaciones separadas, ¿sabes? y ya no practicamos sexo.

B/Es que lo del embarazo y eso es un rollo, y no veas la lactancia, qué pereza. Mucho más fácil irse a África y traerse un nene de estos tan ricos.

C/Tengo una enfermedad mortal y muy contagiosa. Deja que te quite esa pestaña de la cara.






domingo, 7 de febrero de 2016

No es que no tenga tiempo, es que ya no me queda espacio mental


http://qta3.tumblr.com
Q-ta, Director de Arte japonés.

El jueves volvió a pasar.

Después de un mes de enero repleto de tareas, tanto dentro como fuera de la oficina, de ir como loca de un sitio a otro, de ser la taxista de la familia porque nos quedamos con un solo coche, mi cuerpo dijo "hasta aquí hemos llegado", y me dio otra vez la contractura de cuello que me deja baldada, tortícolis incluida.

Ese día además mi querida alergia me vino a hacer una visita, un poco enfadada conmigo, dada la virulenta forma en la que se metió en mi cuerpo y me hizo el día imposible.

Y fue entonces cuando pensé con todas mis fuerzas en que necesitaba un vida más tranquila. En realidad es un pensamiento recurrente que me asalta cada mañana, sólo que nunca tengo tiempo de recrearme en él, pues debo salir zumbando hacia mi carrera diaria, para sobrevivir en mi propia jungla existencial.

Tiempo. Ese santo grial de nuestros días. La falta de tiempo nos hace ir corriendo a todas partes. La falta de tiempo nos lleva a renunciar a ciertas cosas, normalmente las que más nos apetece hacer, en pro de las que tenemos que hacer impepinablemente.

La escasez de tiempo nos aleja del disfrute de la mirada, pues nos impide pararnos, ser conscientes de lo que hacemos, mirar cada cosa que hacemos a los ojos, durante un rato, para vivir realmente la vida que estamos viviendo.

Y en esas andaba, echándole el discurso de mindfulness a mi cerebro colapsado, cuando me di cuenta de algo.

En realidad no necesito tiempo. Lo que necesito realmente es espacio.

Mi amiga Nuria Puig lo explica divinamente en su ópera primera youtubera. Se trata de ordenar el espacio a nuestro alrededor, deshaciéndonos de todo lo superfluo, desapegándonos de los objetos... Para ordenar a la vez la mente.

Yo voy un poco más allá. Necesito deshacerme no sólo de objetos que puedo tocar, sino de pensamientos, recuerdos, estímulos, conceptos, imágenes mentales que me ocupan un valiososísimo espacio neuronal y que no me permiten avanzar.

Es como cuando liberamos memoria del ordenador o del teléfono. Todo parece funcionar mejor, ¿verdad? Ir de una carpeta a otra es mucho más fluido, navegar por Internet es una maravilla, entrar en la aplicaciones, escribir un post desde el móvil... Como yo ahora.

Si consigo limpiar un poco el coco, estoy segura de que ya no echaré tanto de menos el tiempo. Mi actividad cerebral, mucho menos contaminada de ideas, conversaciones, listas de tareas y agobios varios, será mucho más rápida y eficaz. Mucho más plena.

No necesito más tiempo, necesito menos cosas en mi cabeza.

Como cuando tienes un bolso enorme y lo llenas de cosas pero al revés. 

Bolso pequeño o ningún bolso en absoluto. That's it.