lunes, 15 de febrero de 2016

¿Por qué has adoptado si podías tener hijos biológicos?

Red Thread Legend Series, Beili Liu

Hace unos días encontré en mi muro de Facebook una pregunta lanzada al aire por una madre de dos niños que llegaron a su vida mediante la adopción.

La pregunta iba a destinada a las personas que, como es mi caso, tenemos hijos mediante la adopción y, además, mediante la biología.

¿Cuáles son las motivaciones, planteaba ella, para elegir las dos vías a la vez? 

Comentaba que su motivación para adoptar, en lugar de elegir la vía biológica, era principalmente el evitar traer nuevos niños al mundo cuando ya existen otros muchos que necesitan una familia. Por ello, le parecían vías contradictorias. 

Yo soy madre. Y lo soy por los dos caminos, el adoptivo y el biológico.

Mi concepto de formar una familia ha ido variando a lo largo de los años. Desde cuando jugaba a las Nancys con mis amigas y tenía una cuqui parejita de bebés blancos. Pasando por la etapa en la que renegaba de esos mocosos locos bajitos, sin olvidar cuando decía que yo iba a ser madre a toda costa, con o sin pareja. Hasta llegar a mi preciosa familia actual. Hubo un época que hasta quise ser madre de familia numerosa. Cielo santo.

Ser una madre como yo suscita muchos interrogantes en la sociedad. Y lo entiendo. Si yo misma me paso la vida cuestionándome todo, cómo no iba el resto del mundo a hacer lo mismo. 

La mayoría de esta gente que se pregunta cosas sobre mi familia, no ha llegado nunca a decírmelo abiertamente. Gente que nos ve por la calle o en los restaurantes, familias del cole, amigos de amigos que nos encontramos una primera (y única) vez, familiares lejanos. 

Otros, los menos, sí que lo han hecho. Gente que, como los de arriba, nos ve por la calle, amigos de amigos que no nos han visto nunca, familiares cercanos y lejanos, peluqueras, profesores, estudiantes, solteros, casados, con hijos y sin ellos, niños de cinco años y ya no recuerdo quién... La curiosidad no conoce fronteras. 

Estas son más o menos las formas de plantear sus dudas:

Preguntas a bocajarro y sin mucho tacto (*):


¿Por qué has adoptado si podías tener hijos tuyos?

Y si podías tener hijos propios, ¿por qué elegiste la adopción?

¿Es que ya no pudiste tener más hijos por ti misma que tuviste que adoptar?

(*) Respuestas posibles al final del post.

Preguntas prudentes y educadas


¿Qué te llevó a pensar en la adopción

¿Era algo que ya pensabas de antes de ser madre por primera vez?

Preguntas infantiles


¿Por qué tienes una hija blanca y otra negra

Preguntas de certificado de idoneidad


¿Por qué queréis adoptar teniendo ya una hija biológica?

Todas estas preguntas no son cómodas. Ni siquiera si te las hace alguien de mucha confianza. Siempre te quedas con la sensación de que esa persona va a juzgarte, digas lo que digas. Te sientes obligado a responder, a dar unas explicaciones que no tienes por qué dar, o simplemente no te apetece dar en absoluto.

Y en ese sentirte obligado, sumado a que no quieres entrar en muchos detalles de tu vida, acabas diciendo algo que en realidad no es la respuesta que quisieras dar y que no llega a transmitir la complejidad del asunto. 

"La vida es más compleja que el eslogan de una pegatina" (Zootrópolis). 

Conozco familias monomarentales de madres biológicas y también de madres adoptivas. No conozco a ningún padre en solitario, aunque me consta que los hay. Conozco familias que sólo tienen hijos biológicos (la mayoría) y otras que sólo tienen hijos adoptados. Conozco familias sin hijos y sin perro. Otras sin hijos y con perro. Y finalmente conozco familias como la mía. Con hijos bio y de adopción (y perro, sí, también perro, y para más inri, no adoptado). 

Dentro de cada una de ellas, a su vez puede haber más intrígulis por tratarse de segundos matrimonios o arrejuntamientos. O terceros. O también si la pareja, cuando la hay, es de personas del mismo sexo.

El paisaje familiar es variopinto. Y voy más allá, las motivaciones de cada uno para decidir adoptar y/o tener hijos mediante la inseminación, natural o no, también pueden ser muy distintas.

Lo que tengo claro es que la gran mayoría de estos padres y madres del mundo, los que voluntariamente decidieron serlo, dirían que quisieron entrar en este grandioso viaje  de la maternidad y paternidad porque deseaban con todas sus fuerzas tener un hijo. Da igual si ese hijo salió de la tripa de su madre actual o de otra madre anterior que no pudo/supo/quiso hacerse cargo de ese hijo. 

La principal motivación es tener un hijo. Criarlo, quererlo, protegerlo. Con todo lo que eso conlleva.

Y esa ha sido, desde luego, mi principal motivación para ser madre. 

Después vienen los matices.

Muchas parejas llegan a la adopción como su última vía para ser padres. Cuando la vía natural no puede llevarse a cabo debido a infertilidad, esterilidad, enfermedad. Y me parece perfecto. Siempre y cuando sean capaces de comprender que la adopción no les hace padres o madres de segunda. Lo otro no sería perfecto, no porque a mí no me lo parezca, sino por lo que tiene de sufrimiento para ellos y para ese niño que será adoptado.

Otras parejas, como la que inspiró la redacción de este post, deciden ir directamente a adoptar porque consideran que es la mejor opción posible, dado que el mundo está lleno de niños desamparados. Y me parece también perfecto. Siempre que no consideren que tener hijos biológicos es un acto menos generoso que el tener hijos mediante la adopción.

Después tenemos a las personas que en soledad quieren tener un hijo, mayoría mujeres, y que adoptan porque prefieren esta vía a la de vivir un embarazo en soledad y/o sin saber nada del padre o por temas religiosos, o simplemente por los mismos motivos que en el caso anterior: mejor dar una familia a un niño que ya está en el mundo, que dar vida a otro niño más. Igual de respetable.

Luego tenemos a todos los que deciden que sólo serán madres y padres de niños biológicos, porque necesitan que el hijo tenga sus genes, porque necesitan vivir esa experiencia, porque es lo que han aprendido, porque es lo natural y lo más habitual y lo que lleva pasando toda la vida. Fenómeno. Siempre y cuando no nos miren a los que adoptamos como padres/madres de hijos que no son "propios". 

¿Creerá alguien que tus hijos son "tuyos" y te son "propios" por tener tu color de pelo?

Y luego estamos los demás. Los que hacemos las dos cosas a la vez. 

Quedarme embarazada implicaba experimentar en carne propia el milagro de la vida. El privilegio que los dioses decidieron conceder a la mujer en exclusiva. 

(Muchos años después me pregunto si esos dioses no concedieron aquel privilegio pensando en que sería un regalo o en que sería un castigo)

También era parte de la historia con mi pareja. Nos queremos, ergo tengamos un hijo resultado de ese quererse.

Por entonces necesitaba gestar un hijo y necesitaba parirlo.


Con el tiempo las cosas cambiaron. La adopción como opción para tener otro hijo, que rondaba por mi cabeza desde hacía tiempo, empezó poco a poco a tomar fuerza para pasar, poco después, a ocupar todos mis sentidos. 

Adoptar significaba dar una familia a un niño que no la tenía, un niño huérfano, creía yo al principio. Una de las muchas ideas preconcebidas sobre la adopción que en mi ignorancia de novata tenía. Una idea muy atractiva para alguien en busca de hacer algo bueno en el mundo, más allá de pagar la cuota anual de una ONG.

Dicen que no se debe tomar la adopción como una acción solidaria. Y yo estoy totalmente de acuerdo ahora. La adopción es otra cosa. No me gusta que la gente crea que soy buena persona por haber adoptado, ni que mi hija es un acto de solidaridad. No soy mejor persona que otras muchas personas que no han adoptado ni adoptarían jamás. No fui a por mi hija a Etiopía para colgarme la medalla de mejor persona del año. Simplemente quise ser madre de una niña que no tenía una familia que la protegiera, cuidara, quisiera y criara. 

Sin esperar a cambio nada más y nada menos que el privilegio de ser su madre y que ella sea mi hija. 

Y no, no es que no pudiera gestar más hijos. Es que ni siquiera lo intenté.

Cuando mi segunda hija llegó, sentí que mi familia estaba completa.

Hay montones de modelos de familia, todos igual de válidos, buenos, respetables.

Yo estoy encantada con la mía y muy agradecida.

Con mi hijas, nuestras hijas, que en realidad no son mías, ni nuestras, porque no nos pertenecen, ni son propiedad de nadie.







(*)Respuestas posibles a las preguntas indiscretas:


A/Pues mira verás, es que mi marido y yo dormimos en habitaciones separadas, ¿sabes? y ya no practicamos sexo.

B/Es que lo del embarazo y eso es un rollo, y no veas la lactancia, qué pereza. Mucho más fácil irse a África y traerse un nene de estos tan ricos.

C/Tengo una enfermedad mortal y muy contagiosa. Deja que te quite esa pestaña de la cara.






domingo, 7 de febrero de 2016

No es que no tenga tiempo, es que ya no me queda espacio mental


http://qta3.tumblr.com
Q-ta, Director de Arte japonés.

El jueves volvió a pasar.

Después de un mes de enero repleto de tareas, tanto dentro como fuera de la oficina, de ir como loca de un sitio a otro, de ser la taxista de la familia porque nos quedamos con un solo coche, mi cuerpo dijo "hasta aquí hemos llegado", y me dio otra vez la contractura de cuello que me deja baldada, tortícolis incluida.

Ese día además mi querida alergia me vino a hacer una visita, un poco enfadada conmigo, dada la virulenta forma en la que se metió en mi cuerpo y me hizo el día imposible.

Y fue entonces cuando pensé con todas mis fuerzas en que necesitaba un vida más tranquila. En realidad es un pensamiento recurrente que me asalta cada mañana, sólo que nunca tengo tiempo de recrearme en él, pues debo salir zumbando hacia mi carrera diaria, para sobrevivir en mi propia jungla existencial.

Tiempo. Ese santo grial de nuestros días. La falta de tiempo nos hace ir corriendo a todas partes. La falta de tiempo nos lleva a renunciar a ciertas cosas, normalmente las que más nos apetece hacer, en pro de las que tenemos que hacer impepinablemente.

La escasez de tiempo nos aleja del disfrute de la mirada, pues nos impide pararnos, ser conscientes de lo que hacemos, mirar cada cosa que hacemos a los ojos, durante un rato, para vivir realmente la vida que estamos viviendo.

Y en esas andaba, echándole el discurso de mindfulness a mi cerebro colapsado, cuando me di cuenta de algo.

En realidad no necesito tiempo. Lo que necesito realmente es espacio.

Mi amiga Nuria Puig lo explica divinamente en su ópera primera youtubera. Se trata de ordenar el espacio a nuestro alrededor, deshaciéndonos de todo lo superfluo, desapegándonos de los objetos... Para ordenar a la vez la mente.

Yo voy un poco más allá. Necesito deshacerme no sólo de objetos que puedo tocar, sino de pensamientos, recuerdos, estímulos, conceptos, imágenes mentales que me ocupan un valiososísimo espacio neuronal y que no me permiten avanzar.

Es como cuando liberamos memoria del ordenador o del teléfono. Todo parece funcionar mejor, ¿verdad? Ir de una carpeta a otra es mucho más fluido, navegar por Internet es una maravilla, entrar en la aplicaciones, escribir un post desde el móvil... Como yo ahora.

Si consigo limpiar un poco el coco, estoy segura de que ya no echaré tanto de menos el tiempo. Mi actividad cerebral, mucho menos contaminada de ideas, conversaciones, listas de tareas y agobios varios, será mucho más rápida y eficaz. Mucho más plena.

No necesito más tiempo, necesito menos cosas en mi cabeza.

Como cuando tienes un bolso enorme y lo llenas de cosas pero al revés. 

Bolso pequeño o ningún bolso en absoluto. That's it.



lunes, 25 de enero de 2016

Cosas que me importan un comino desde que tengo cuarenta y tantos

Lo malo de cumplir 40 es, sobre todo, el hecho de que algunos de 20 y de 30 se crean superiores a ti.

Por ser, simplemente, más jóvenes, y no necesariamente más guapos ni más modernos o más listos.

Juventud, divino tesoro.

Lo bueno de tener más de 40 años es que este hecho te importará cada vez menos. Éste y muchos otros asuntos pasarán a engrosar un lista (¡otra más!) de las cosas que te importan (casi) un bledo, un comino o una caca de la vaca.

"Frankly, my dear, I don't give a damn"




Que alguien se moleste porque digo que NO 


Estoy harta de leer artículos que predican que para vivir menos estresados y ser más felices tenemos que aprender a decir que no. Pero nadie te dice que, cuando lo aprendes y pones en práctica, te criticarán por ello, hablarán de ti a tus espaldas en grupos de wasap alternativos o serás parte de algún meme privado.

Lo importante es que como todo lo demás, cuando llegas a los cuarenta empieza a parecerte todo ridículo, y prefieres ser criticada a tener que asistir a ese evento familiar que no soportas. 

Incluso eres capaz de sacrificar ese punto de más en tu evaluación anual de la empresa (que por otra parte de poco sirve) con tal de evitar tener que hacer el curro de cinco personas a la vez o verte colapsada por trillones de mensaje de mail.

Parecer una borde ante mi falta de interacción social


Cada día que pasa me apetece socializar menos. No te lo tomes a mal, es que el tiempo es un tesoro que se evapora en un abrir y cerrar de ojos. Y hay que economizarlo, empleándolo sólo en aquello que es útil o nos gusta mucho. Así que lo primero es dejar de dedicar atención a cosas que no son ni lo uno ni lo otro.

¿Grupos de wasap del cole? ¿Grupos de wasap del gimnasio? ¿Grupos de wasap de cumpleaños? WTH?

Esto incluye las conversaciones banales de ascensor. Un buenos días es más que suficiente.

Que alguien se moleste por lo que opino


Me he pasado la mayor parte de mi vida intentando agradar a otros. Llevando extremo cuidado con las cosas que salen de mi boca, o de mis manos cuando escribo (excepto cuando conduzco, que me vuelvo Mr. Hyde). 

Y ya me he hartado. No es que me vaya a dar por ir diciendo "verdades" sobre la gente. Lo que voy a hacer es no tener miedo a decir lo que pienso y siento, no temer que otros se rían de mí o piensen que soy idiota. Puede que lo sea o que diga gilipolleces. ¿Y qué? Serán mis gilipolleces y ya va siendo hora de que las suelte al mundo para que se diluyan en la giliposincrasia colectiva.

Que me "recuerden" que algo que estoy comiendo o bebiendo engorda


¿Tú no estabas haciendo dieta?, me dices mientras clavas tu pupila en mi cookie gigante con trozos de chocolate. Y mientras saboreo esta guarrería llena de grasa y azúcar, te clavo mi pupila en tu rostro con ganas de decirte "déjame en paz, guapita de cara, ¿me meto yo con tu bigote?". 

Pero me callo y sigo adelante como si el sonido de tu voz fuera el de un irritante mosquito nocturno que finalmente encuentro y liquido.

Compartir espacio en el gimnasio con super cuerpazos


Me ha dado por ir al gimnasio con la edad. Y me doy cuenta de que es algo común. Soy tan normal como creía. El gym está llenito de cuarentañeras y -eros dispuesto a darlo todo por lucir palmito.

Algunos llevan allí toda la vida, ya iban cuando yo, a los veinte, pagué mi cuota anual y fui dos veces. Y siguen ahí. Por eso tienen esos cuerpazos, donde la grasa brilla por ausencia y los músculos brillan, también.

Yo, que soy de tener mi barriguita, y mi celulitis, debería ir tapada hasta las cejas por no poder competir con ellas. Sin embargo me niego. Cuando voy a entrenar lo doy todo. Y cuando se da todo, se suda mucho. Así que me importa un rábano que me cuelgue esa cosa horrible del brazo o se me vea el michelín. Bueno, confieso que algo me importa, por eso voy allí a dejarme la piel, pero como me pongo tan lejos del espejo, no me veo. Así que me visto con mi pantalón corto y mi camiseta de tirantes. Y que me miren, si quieren.

Por supuesto tampoco me escondo para ducharme. El cuerpo es bello y el michelín... realista.

No seguir los consejos de los demás


A la gente le encanta dar consejos. A mí no me va mucho e intento no darlos. Yo si fuera tú...creo que tendrías que...no se te ocurra hacer eso... ¿Quién soy yo para dar consejos a nadie?

Aunque sí escucho los que me dan a mí. He sido mucho de seguir la recomendación de mis amigos (no tanto de familiares) para cualquier cosa. Y ya se convirtió en vicio, hasta que además de los amigos, empecé a escuchar consejos de todas partes. Los blogs, las redes sociales, la señora de la sala de espera del médico... BASTA. Me estoy volviendo ya loca. Porque muchos, para más inri, son contradictorios.

Que bebas mucha agua, que no bebas tanta. Que el pelo largo te envejece. Que esa falda no te queda bien. Deberías arreglarte las uñas. Mejor si te tiñes de morena. No, casi que las mechas te favorecen más. Ponte tacones para ir a la oficina. Los tacones son malos para la espalda. Maquíllate, con efecto "cara lavada" (¿perdona?).

Que si esta peli está fenomenal o que es una bazofia. Que vayas a ver esta expo o que no se te ocurra. Si te duele la cabeza toma esto o aquello. Compra un colchón nuevo. Tira el cepillo de dientes. Jamás limpies tu cara con toallitas.

Apunta a tus hijos a robótica, no les dejes jugar con videojuegos, no les des leche, haz los deberes con ellos. No, mejor no. Internet es el diablo. Las redes sociales el demonio. Y el móvil un arma de destrucción pasiva. Los mejores juguetes son los padres.

¿Me dejáis en paz un poquito?

Estoy segura que tú, si estás en la edad, empiezas también a pasar un poco de todo, ¿a qué sí?











sábado, 9 de enero de 2016

Siete cosas que no volverás a hacer si eres madre de "casi" adolescentes

Blossom, aquella adolescente molona de los 80
Todo idilio llega a su fin. Incluso el maternal. Y por idilio maternal me refiero a esos momentos living the love en el que la maternidad es dura, pero tus hijos te dan un besito y todo se te pasa.

Cuando los hijos llegan a los doce años, antes si son algo más precoces, comienza una nueva etapa. La maternidad a partir de entonces seguirá siendo dura, y además ellos dejarán de darnos besos y decirnos que nos quieren. Aunque nos quieran y se mueran por darnos ese beso.

Poco a poco voy descubriendo cosillas nuevas en ese nuevo momento vivencial, y sobre la marcha voy aprendiendo, al igual que hice cuando mi hija era un bebé y mi máxima preocupación era que comiera, durmiera y que no se hiciera pis mientras le cambiaba el pañal.

En medio de esta verbena de mi vida, voy tomando nota de las cosas que voy a tener que dejar de hacer si quiero mantener cierto grado de estabilidad familiar y, sobre todo, mental. 

Y aquí las expongo como una forma más de expresión personal, no sé si a modo reivindicativo, paliativo o instructivo. 

1. Dejarás de entrar en su habitación para guardarle la ropa planchada. 

Y no será porque ella, o el, la va a recoger y guardar por ti, sino porque cada vez que lo hagas entrarás en pánico al ver que las COSAS están a punto de invadir y colonizar tu vivienda, como si de una de las siete plagas se tratara. El desorden va unido a la adolescencia y no te servirá de nada enfadarte, gritar, patalear o castigarle. Más te vale tragarte un tarro entero de paciencia. Y de postre una onza de comprensión hormonal. En el fondo es mucho mejor dejar de sufrir por el orden y dejarte llevar, ¿verdad?


2. Se acabó el comprarle ropa por tu cuenta y riesgo. 

Da igual que te creas super moderna y que lo que le adquieras lo lleve la bloguera del momento, o sea lo más original del mundo. Ella o él sólo verá que no ha participado en la elección. Puede que si hubiera ido contigo le hubiera encantado ese vaquero a jirones que has comprado en un arranque de modernismo. Pero ella o él NO estaba allí para decidirlo. Olvídalo y busca el ticket sin perder un minuto más. Si hasta vas a ahorrar y todo.

3. No volverás a ponerte a dieta

Algo que parece tan normal en tu vida porque llevas la mitad de ella haciéndolo (muy a tu pesar has heredado los genes de las barriguitas con las que jugabas de pequeña y la estupidez humana de querer llevar una 38), se convertirá en algo peligroso que no deberás mencionar ni practicar jamás en su presencia. No debiste hacerlo nunca, pues las dietas son más dañinas que el tabaco si cabe, pero ahora menos aún. Cualquier comentario en este sentido puede desestabilizar la cabeza mejor amueblada. Lo bien que te va a venir esto para el espíritu, confiésalo.


4. No subirás fotos suyas a Facebook sin su permiso. 

Ojo, esto no debiera tampoco haber pasado antes. Llegará un momento en el que los hijos se harán adultos y no les hará ni pizca de gracia todas esas fotos que se han subido a internet de forma indiscriminada. No me gusta poner fotos de mis hijas en las redes, y no lo hago, a excepción de Facebook, en mi perfil personal, donde sólo acepto a amigos. E incluso allí me corto bastante porque no me gusta exponerlas. Y en los últimos tiempos ya les pregunto si puedo poner la foto en Facebook y la respuesta casi siempre en NOOOO. Todo ello contribuirá a que el mundo mundial sepa menos de ti y que a los gigantes de las redes sociales les sea más difícil hacer caja.


5. No harás ningún plan sin consultarlo antes en plan comité familiar. 

C'est finit (espero que sólo temporalmente) el entusiasmo por todo lo que antes provocaba entusiasmo. La pereza, la rebeldía, el pie izquierdo o la hormona empezarán a desbaratarte todos los planes chachis de antaño. Ir de excursión, salir a tomar el aperitivo o visitar una exposición pueden convertirse en algo insufrible con una personita a tu lado que está de morros de un momento para el siguiente y sin saber muy bien el motivo. De nuevo conviene ponerse en su piel y no reaccionar de la misma manera que ellos. Ante los morros, una sonrisa y un abrazo (si te dejan).


6. Terminó aquello de quedo con amigos con hijos y ellos juegan mientras nosotros hablamos de nuestras cosas. 


Ahora ellos querrán formar parte de la conversación de los adultos, sobre todo si no hay niños de su edad alrededor. Hay que estar preparados para permitirles participar y evitar temas que puedan causarle desasosiego, agobio o pesadillas. Me doy cuenta de que la vida del adulto está llena de temas que provocan todo eso y más. Habrá que repensarse un poco, que nos ponemos demasiado serios.

7. Dejarás de pedirle a tu niña o niño, que ya ni es tan niña ni tan niño, que te recuerde las cosas. 

Esta edad, aparte de ser propensa al caos, es tendente a la pérdida de memoria a corto plazo. "Cariño, recuérdame esta tarde que vaya al chino a comprarte todo eso que necesitas". A la mañana siguiente, justo dos minutos antes de salir para clase, escuchas eso de "jope mamá, ya se te ha vuelto a olvidar comprarme la cartulina"... Y entonces, justo un minuto y 55 segundos antes de salir para el insti, y si hay suerte, te tragas tu grito de mala madre desmemoriada con hija aún más desmemoriada, mientras te visualizas a la hora de comer en el hiper asia y guardas las lentejas para el día siguiente. 

Menos mal que la legumbre aguanta bien en la nevera.




sábado, 2 de enero de 2016

Todo lo que pasó en 2015


Dos mil quince ya es historia. Aunque parezca que fue ayer cuando escribía mis propósitos para el año pasado. Que no soy yo de propósitos por aquello de no sentirme mal si no los llevo a cabo pero ya ves, al final siempre caigo en ellos.

Me propuse disfrutar de la vida tras cuatro años de dificultades económicas que nos tuvieron muchas veces al borde. De la desesperación, de un ataque de nervios y de convertirnos en emigrantes e inmigrantes de una tacada.

Quería viajar mucho y lo hice. Disneyland París fue nuestro primer destino interesante del año, un viaje mil veces postergado y que ya no podía aplazarse más. Un viaje maravilloso que mereció mucho la pena solo por ver como mis hijas disfrutaban de cualquier cosa que se encontraban.

Viajábamos a Mérida y allí tuve no sólo la suerte de conocer una ciudad preciosa plagada de historia y arte,  sino de reencontrarme con una de mis mejores amigas del mundo mundial. Aunque supo a muy poco. La vida sabe siempre a poco cuando eres feliz.

Organizamos un fin de semana con amigos en El Escorial que no estaba planificado y resultó perfecto. Ya casi ni me acuerdo de los bichos y la incomodidad de la cama del bungalow :)

Tuvimos dos escapadas de novios, la primera a Lyon, donde el calor casi nos desaparece, y la segunda a Barcelona para ver a U2 en concierto. Ambas estuvieron geniales y ojalá este año podamos hacer más.

Tuve la grandísima suerte de pasear una cálida tarde de otoño por París, en uno de mis viajes de trabajo. Única vez, desde que hace dos años y medio me embarqué en esta aventura de curro, que he podido disfrutar de París de verdad.

Por primera vez en mi vida hice un viaje con mis padres. El destino fue Girona, visitando Besalú, Castefollit de la Roca, Pals, Cadaqués, Figueres y otros pueblos alucinantes. Lo mejor fue la fideuá en Pals y el helado del Rocambolesc, delicioso. Mi madre recorrió estos lugares con dificultad debido a su delicada salud y tuvo que marcharse un día antes de lo previsto,  lo cual me apenó bastante porque puse mucha ilusión en el viaje. Eso y los mosquitos tigre nos chafaron un poco la experiencia. Sólo un poco.

También hemos visitado Aranjuez pero no hemos podido comer sus famosas fresas y casi perdemos el coche porque nos dejamos las llaves puestas mientras paseábamos por sus jardines.

Hemos ido al museo del Romanticismo, al Thyssen a ver a Munch, a la Fundación Telefónica a ver a Tesla, al Palacio Real a ver los retratos, al Museo de la Ilustración, al cine de verano del Conde Duque a ver Grease, al de invierno a ver montones de cosas como Star Wars (Episodio VII) o La oreja Shaun. Hemos hecho varias rutas por la Sierra como la de Las Cascadas del Purgatorio o La Pedriza. Hemos ido a comer y cenar a sitios molones y hemos ido por fin a Faunia.

Nos han faltado aún así muchos sitios que ver y rutas que hacer y paseos que recorrer.

He tenido dos bodas de familia en las que me lo he pasado muy bien, aunque una de ellas coincidió con la famosa fiesta de malas madres y eso me hizo perderme el reencuentro con muchas de mis blogueras favoritas... Menos mal que algunas pudimos quedar el día anterior y pasar una larga tarde de 8 horas juntas... que supieron a 8 minutos.

Me he quedado con muchas ganas de una escapada con amigas al norte de Europa que espero poder llevar a cabo este año.

He recibido buenas noticias y otras malas. He sufrido alguna que otra decepción. He tenido que consolar y ser consolada. He tenido que convencer, muchas veces sin éxito. He abrazado y reído, he besado y llorado. Me he preocupado y ocupado. He tenido noches en vela y he dormido siestas divinas. He leído mucho, siendo todavía poco. 

He pasado, entre viaje y viaje, entre plan y plan, momentos bastante chungos. Momentos de bajón anímico que a punto estuvieron de meterme en un pozo sin fondo. El terrible pozo de la depresión. Bajón anímico y estrés laboral que me han provocado dolores de cabeza, ansiedad, insomnio y un nudo en el estómago cada vez que mi querido esposo me despertaba entre semana para ir al trabajo.

Qué jodido es no tener ganas de nada, que absolutamente nada te haga ilusión y saber que no puedes caer, que tienes que seguir hacia delante porque la vida ha de seguir, contigo o sin ti. Y tus hijas y tu marido te necesitan. Mientras tú sólo quieres hacerte una bola en tu cama y dormir todo el día. Sin embargo te levantas y disimulas delante de todos, de tus hijas, de tus compañeros de curro, de tus amigas. Como vas a llegar tú, que tienes trabajo, y que tienes una familia adorable, que además está sana, que tienes casa, que puedes viajar y salir y comprar libros,  que tienes a tus padres, que tienes a tu abuela... ¿Cómo vas a osar quejarte y decir que todo te parece una mierda? Por supuesto no tus hijas ni tu familia ni tus amigos sino la vida en general, carente en ese momento, de sentido.

Es incomprensible para alguien que no ha pasado por ello y ojalá que si no lo comprendes no lo hagas nunca. No me quiero imaginar a las personas que no consiguen esquivar el pozo y acaban cayendo.
Me propuse salir de aquello y, aparte de mi santo marido que siempre estuvo ahí diciendo lo que tenía que decir o no diciendo nada, me ayudó mucho el empezar a hacer ejercicio con mayor frecuencia. Es increíble el poder sanador del ejercicio físico. A pesar de que mis dolores de la endometriosis no me lo han puesto fácil, la sensación de subidón que se siente al acabar una actividad física me hacían seguir adelante y vencer la pereza de las primeras semanas. Tal es la cosa que yo, dormilona empedernida, he estado madrugando en vacaciones para ir al gym.

Tengo un poco de miedo al invierno que llega, pues el frío y las nubes no le van bien a mi estado anímico.  Voy a poner todo de mi parte, como explicaba en mi post anterior, para pensar menos y vivir mucho más. Espero que la primavera me pille con muchas horas de risas a la espalda y mucha energía acumulada.

Por lo pronto empiezo mi anhelado Curso de Escritura en enero,  ver si eso me hace ponerme las pilas y consigo acabar mi relato.

La verdad que mirando el 2015 desde este dos de enero de 2016 veo con orgullo que la cosa no fue tan mal y que todo pinta mucho mejor para lo que está por venir. Y no me refiero a las cosas que me pasarán, sino a como yo pienso vivirlas, que es al fin y al cabo lo único que puedo controlar.